Chongqing, Furong y Zhangjiajie: donde la realidad supera cualquier ficción


Cada lugar tiene una historia que contar


#volvésdistinto

¿Alguna vez sentiste que tu vida necesita un reseteo visual? Ese momento en que mirás fotos de lugares y pensás «esto no puede ser real, seguro está editado». Bueno, dejanos contarte algo: existen dos lugares en China que van a hacer que cuestiones absolutamente todo lo que creías saber sobre lo que es posible en arquitectura y naturaleza. Y no, no están editados. Son reales. Muy reales. Y con Travel Wise podrás conocerlos en detalles en esta nota

Chongqing es una ciudad que desafía las leyes de la física y el sentido común urbano. Zhangjiajie es el lugar donde James Cameron encontró la inspiración para crear Pandora en Avatar, pero acá viene el twist: la realidad es incluso más impresionante que la película. Entre ambos destinos vas a encontrar más de 8,000 pilares de piedra que parecen flotar, edificios construidos en vertical donde el piso 22 puede ser la entrada principal, y monorrieles que atraviesan edificios residenciales como si nada.

Si estás buscando un viaje que te haga replantear todo lo que sabés sobre ciudades y paisajes naturales, seguí leyendo. Porque lo que viene es una aventura donde cada esquina desafía la lógica y cada vista parece sacada de un universo paralelo.

Chongqing: La ciudad que se construyó hacia arriba porque hacia los lados no había lugar

Imaginate una ciudad de 32 millones de habitantes (sí, leíste bien, casi toda la población de Argentina concentrada en una sola ciudad) construida sobre montañas tan empinadas que la idea de «caminar al supermercado» puede significar subir o bajar el equivalente a un edificio de 20 pisos. Así es Chongqing, y creenos cuando te decimos que Google Maps se confunde tanto como vos cuando intentás orientarte acá.

La geografía obligó a los habitantes de Chongqing a pensar en tres dimensiones desde siempre. Acá no existe eso de «la ciudad se expande hacia los suburbios». Cuando no había más lugar horizontal, simplemente construyeron hacia arriba. Pero no hablo solo de rascacielos convencionales (que también los hay, y muchos). Hablamos de una arquitectura que parece diseñada por Escher después de una noche de insomnio creativo.

El Complejo de Viviendas Liziba es el ejemplo perfecto de esta locura funcional. Un edificio residencial de 19 pisos que tiene una particularidad: la Línea 2 del monoriel atraviesa directamente el edificio entre los pisos 6 y 8. No pasa al lado. No pasa por debajo. Lo atraviesa. Los vecinos escuchan el tren cada pocos minutos, pero las vibraciones y el ruido están tan bien aislados que resulta menos molesto que tener un vecino ruidoso. La estación Liziba está literalmente integrada al edificio, y los pasajeros pueden bajarse y estar en el hall de un edificio residencial.

Pero esto es apenas el aperitivo. Chongqing tiene puentes peatonales que conectan edificios a 50 metros de altura, centros comerciales donde entrás por el piso 10 desde la calle y el primer piso está 100 metros más abajo, y un sistema de transporte público que incluye escaleras mecánicas al aire libre más largas que algunas estaciones de subte completas.

El laberinto urbano donde perderse es parte de la experiencia

La primera vez que llegás a Chongqing, tu cerebro va a intentar mapear la ciudad como lo haría en cualquier otro lugar: calles en cuadrícula, avenidas principales, puntos de referencia. Olvidate. Acá las reglas no aplican. Una calle puede estar 80 metros por encima de otra calle paralela. Un edificio puede tener entradas en tres niveles diferentes que todos consideran «planta baja». Y lo que parece ser un parque en la azotea de un edificio resulta ser efectivamente un parque público, porque ese edificio está construido EN una montaña.

El barrio de Hongya Cave es probablemente el lugar más fotografiado de la ciudad, y cuando lo veas vas a entender por qué. Es un complejo comercial y de entretenimiento construido literalmente colgado de un acantilado junto al río Jialing. De noche, con sus miles de luces rojas y doradas, parece una versión futurista de las antiguas ciudades de montaña chinas. Tiene 11 pisos, pero acá viene lo interesante: podés entrar por el piso 1 desde una calle, o por el piso 11 desde otra calle que está en la parte superior del acantilado. Ambas son entradas a nivel de calle. Sí, tu cerebro va a necesitar unos minutos para procesar esto.

Hongya Cave es especialmente mágico al atardecer. Llegá al rededor de las 18:30 hs, cuando todavía hay luz natural pero las luces del edificio ya empiezan a encenderse. Vas a ver cómo la arquitectura tradicional Diaojiaolou (casas en pilotes) se reinterpreta en hormigón, acero y LEDs. Hay restaurantes de hot pot tradicional (el plato más emblemático de Chongqing), tiendas de artesanías, y lo más importante: miradores donde vas a poder sacar fotos que tus amigos van a jurar que están editadas.

Pero la verdadera magia de Chongqing no está solo en los lugares turísticos. Está en caminar sin rumbo y encontrarte con situaciones que desafían tu comprensión urbana. Como ese estacionamiento subterráneo que en realidad está en el piso 15 de un edificio (subterráneo respecto a la entrada principal que está en la montaña, pero muy aéreo respecto al valle). O esa estación de metro que te hace subir seis pisos en escaleras mecánicas después de salir del tren para finalmente llegar a… bajo tierra de la ciudad de arriba.

Hot pot: el ritual culinario que define a Chongqing

Si hay algo que define la identidad de Chongqing tanto como su arquitectura imposible, es su hot pot. Pero atención: no hablo del hot pot genérico que podés encontrar en cualquier restaurante chino del mundo. Hablo de una experiencia culinaria tan intensa que probablemente termines llorando (literal, por el picante)

El hot pot de Chongqing se caracteriza por su caldo de aceite rojo intenso repleto de pimientos Sichuan (los famosos málas que generan ese «picante anestesiante») y chiles rojos. El nivel de picante es tan legendario que los locales tienen tres categorías: «suave» (que para cualquier argentino ya es apocalíptico), «medio» (probablemente ilegal en varios países), y «local» (la más picante de las versiones).

La experiencia de un hot pot auténtico en Chongqing va más allá de la comida. Es un ritual social que dura horas. Te sentás alrededor de una olla dividida (si sos sabio, pedís mitad picante, mitad caldo claro), y vas cocinando ingredientes crudos: finas láminas de carne, vísceras varias (los locales adoran el intestino de cerdo y el estómago de vaca), vegetales, tofu, y mis favoritos personales, los «cristal noodles» que absorben todo el sabor del caldo.

El restaurante Da Long Yi Hot Pot es una institución local. Abrió en 1982 y mantiene recetas familiares que se pasan de generación en generación. No es bonito, no es instagrameable, y probablemente te toque esperar una hora para conseguir mesa. Pero cuando pruebes su caldo base y entiendas por qué los locales hacen fila, vas a comprender que la autenticidad no necesita decoración.

El sistema de transporte que parece diseñado por un genio loco

El transporte público de Chongqing merece una sección propia porque es, honestamente, una atracción turística en sí mismo. Cuando el 90% de tu ciudad está construida en pendientes imposibles, el transporte convencional simplemente no funciona. Entonces innovás.

La Línea 2 del monoriel es legendaria. No solo porque atraviesa edificios (ya hablamos del edificio Liziba), sino porque gran parte del recorrido va por el aire, literalmente suspendido entre edificios, cruzando ríos, y ofreciendo vistas que en cualquier otra ciudad te costarían una fortuna en un tour panorámico. Acá, te cuesta el equivalente a 50 centavos de dólar. Sacá un ticket, subite, y disfrutá del mejor paseo aéreo por una metrópolis que vas a tener en tu vida.

Pero uno de los favoritos es el Ascensor Extraño de Huangguan: un sistema de escaleras mecánicas públicas al aire libre que sube el equivalente a un edificio de 24 pisos. Fueron construidas porque los residentes de los barrios altos literalmente no podían bajar al centro de la ciudad sin hacer una caminata de dos horas. Ahora, en seis minutos, conectan barrios que antes estaban prácticamente aislados. Es gratuito, funciona 24/7, y la vista desde arriba, especialmente de noche, te muestra la verdadera dimensión vertical de Chongqing.

La preparación perfecta antes de volar al techo del mundo

Después de tres o cuatro días explorando Chongqing, tu cerebro va a estar suficientemente recalibrado para lo que viene. Porque Zhangjiajie no es simplemente «bonito» o «impresionante». Es un lugar que va a hacer que cuestiones si las leyes de gravedad aplican de la misma manera en todo el planeta.

Desde Chongqing podés llegar a Zhangjiajie en tren de alta velocidad (unas 4 horas) o en vuelo directo (1 hora). Si vas en tren, el paisaje de las montañas de Hunan mientras viajás a 300 km/h es un espectáculo en sí mismo, y te va preparando mentalmente para la magnitud de lo que estás por ver.

Zhangjiajie es técnicamente una ciudad, pero cuando decimos «Zhangjiajie» generalmente nos referimos al Parque Forestal Nacional de Zhangjiajie y al Área Escénica de Wulingyuan, que juntos forman uno de los paisajes más surreales del planeta. Imaginate más de 3,000 pilares y picos de cuarcita y arenisca que se elevan verticalmente desde el suelo del bosque, algunos superando los 200 metros de altura. Parecen flotar, especialmente cuando hay niebla (que es frecuente), y créeme cuando te digo que las fotos, por más espectaculares que se vean, no le hacen justicia a la experiencia real.

Furong: El pueblo milenario que desafía la gravedad y se ilumina al caer la noche

Si Zhangjiajie te muestra la magia natural de China y Chongqing su ingenio arquitectónico urbano, Furong te transporta directamente a la China imperial que creías que solo existía en películas de época. Pero acá viene el detalle que lo hace único: este no es un pueblo reconstruido para turistas. Es auténtico. Vivo. Y literalmente colgado sobre una cascada.

Furong, también conocido como «el antiguo pueblo milenario colgado de la cascada», tiene una historia que se remonta más de 2,000 años atrás. No estamos hablando de un pueblito pintoresco cualquiera. Este lugar fue la capital inicial de la dinastía Tusi de la minoría étnica Tujia, una de las 56 etnias reconocidas oficialmente en China. Los Tujia son los habitantes originales de esta región montañosa de Hunan, y su presencia en Furong se siente en cada rincón: en la arquitectura de madera oscura con techos curvos, en los dialectos que escuchás en las calles, en las artesanías que todavía se producen con técnicas centenarias.

Lo que hace visualmente impactante a Furong es su ubicación imposible. El pueblo está construido literalmente abrazando un acantilado, con una cascada de 60 metros cayendo directamente en medio de la zona residencial. No es una cascada decorativa en un parque. Es una cascada real, potente, ensordecedora, que divide el pueblo en dos mitades conectadas por puentes de piedra antiguos. Las casas tipo Diaojiaolou (casas en pilotes tradicionales) se aferran a la ladera rocosa, algunas con sus cimientos directamente sobre el borde del torrente. Es una arquitectura que respeta y se adapta a la naturaleza en lugar de intentar dominarla.

Caminar por Furong durante el día ya es especial. Las calles empedradas serpentean entre construcciones de madera que han sobrevivido dinastías, revoluciones, guerras. Hay talleres donde artesanos trabajan el batik (técnica tradicional de teñido de telas), herreros que fabrican cuchillos con métodos que no han cambiado en 500 años, y pequeños restaurantes familiares donde podés probar platos Tujia auténticos que no vas a encontrar en ninguna otra parte de China. El aire huele a madera húmeda, a incienso de los pequeños templos dispersos por el pueblo, y al rocío constante que genera la cascada.

Pero el verdadero momento embriagador de Furong, el instante que justifica por sí solo incluirlo en tu itinerario, es cuando cae la noche.

A medida que el sol se oculta detrás de las montañas, el pueblo comienza su transformación mágica. Miles de linternas rojas tradicionales se encienden simultáneamente, creando un resplandor cálido que contrasta dramáticamente con la oscuridad del bosque circundante. No son luces eléctricas frías tratando de imitar linternas. Son linternas de papel y seda auténticas, colgadas en cada alero, cada puente, cada esquina del pueblo.

La cascada, iluminada estratégicamente con luces que cambian de color sutilmente, se convierte en el centro dramático de toda la escena. El agua cayendo brilla en tonos dorados, azules, verdes, mientras las linternas rojas reflejan en la superficie del río que corre por debajo. Es un espectáculo de luz y sonido natural que ningún parque temático podría replicar.

Pero lo que realmente hace especial la noche en Furong es la vida que cobra el pueblo. A diferencia de muchos pueblos antiguos en China que se vacían al atardecer (porque la mayoría de los residentes reales se han mudado), Furong sigue siendo un pueblo habitado. Las familias Tujia salen a las calles, los niños corren entre las linternas, los ancianos se sientan en banquitos de madera charlando en su dialecto ancestral. Hay músicos callejeros tocando instrumentos tradicionales que nunca habías visto, vendedores de comida preparando ciba (un pastel de arroz glutinoso típico de la zona) en fogones al aire libre.

Caminá por el Puente del Viento y la Lluvia (Fengyu Bridge), una estructura cubierta tradicional toda iluminada con linternas, y vas a tener una de las mejores vistas del pueblo iluminado. Desde acá podés ver cómo las casas Diaojiaolou se apilan una sobre otra en la ladera, cada una con sus linternas creando un efecto de cascada de luz que compite con la cascada de agua.

Este pueblo es considerado uno de los pueblos antiguos más bellos de China, y después de experimentar su noche iluminada, vas a entender completamente por qué. Es la prueba de que en China, incluso después de visitar maravillas naturales como Zhangjiajie o metrópolis futuristas como Chongqing, todavía hay lugares que te pueden sorprender con una belleza completamente diferente: la belleza de la tradición preservada, de la arquitectura que dialoga con la naturaleza, de las linternas rojas reflejándose en agua que ha estado cayendo por este mismo acantilado durante milenios.

Zhangjiajie: Donde Avatar dejó de ser ficción

Corría el año 2008 cuando James Cameron y su equipo de producción llegaron a Zhangjiajie buscando inspiración para las montañas flotantes de Pandora. Cuenta la leyenda (confirmada por varios miembros del equipo) que Cameron se quedó parado durante varios minutos en completo silencio, mirando los pilares de piedra emerger de la niebla matinal. Finalmente dijo algo como: «No necesitamos imaginar nada. Ya existe».

Y tenía razón.

El Parque Forestal Nacional de Zhangjiajie es geológicamente único. Hace aproximadamente 380 millones de años, esta zona era un océano. Los sedimentos se acumularon capa tras capa, formando gruesas capas de cuarcita y arenisca. Luego vino la parte interesante: movimientos tectónicos elevaron todo esto, y millones de años de erosión por agua, viento y hielo fueron esculpiendo el paisaje. Pero en lugar de crear montañas redondeadas o picos convencionales, la erosión actuó de manera vertical, creando estos pilares imposibles que parecen torres naturales.

El resultado son más de 3,000 pilares de cuarcita, algunos tan delgados que te preguntás cómo es posible que no se caigan, otros tan masivos que podrías construir una ciudad entera en su cima. La vegetación subtropical cubre cada centímetro disponible, creando ese color verde intenso que contrasta con el gris y ocre de la roca. Y cuando la niebla (que acá llaman «el mar de nubes») cubre el valle, los picos sobresalen como islas flotantes. No es casualidad que después de la película Avatar, uno de estos pilares fue oficialmente renombrado como «Columna del Aleluya del Sur del Cielo» en honor a las montañas flotantes de Pandora.

El plan maestro para conquistar Zhangjiajie sin morir en el intento

Acá viene la parte práctica, porque Zhangjiajie es ENORME. Estamos hablando de más de 264 kilómetros cuadrados de área protegida. Necesitás mínimo tres días completos para ver lo esencial, y una semana si querés explorar todo sin apuros. El parque se divide en varias zonas principales, y cada una ofrece experiencias completamente diferentes.

Día 1: Yuanjiajie y el Puente Natural más alto del mundo

Empezá temprano, tipo 7 AM. No porque seas un maníaco de los madrugones, sino porque la niebla matinal es parte fundamental de la experiencia. Desde Travel Wise siempre recomendamos este timing: llegás cuando los primeros rayos del sol empiezan a romper la niebla, creando esos efectos de luz que parecen CGI pero son 100% naturales.

Tomá el Bailong Elevator, un ascensor de cristal que sube 326 metros pegado a un acantilado en menos de dos minutos. Es el ascensor exterior más alto del mundo, y cuando digo que las vistas son mareantes, es literal. Vas a ver el valle completo desplegarse debajo tuyo mientras subís a velocidad de vértigo. Cuesta unos 72 yuanes (aprox. 10 dólares) adicionales al ticket de entrada del parque, pero es absolutamente no negociable.

Una vez arriba, estás en Yuanjiajie, la zona que sirvió de inspiración directa para Avatar. El sendero Avatar Hallelujah Mountain te lleva directo a la famosa columna (el pilar que renombraron). Pero acá va un tip que pocos conocen: seguí caminando 20 minutos más allá del mirador principal. Vas a llegar a un área con muchísima menos gente donde hay pilares igual de espectaculares, y vas a poder sacar fotos sin tener que esperar tu turno entre 50 turistas chinos con selfie sticks.

El Puente Natural de Zhangjiajie es otra parada obligatoria en Yuanjiajie. Es exactamente lo que suena: un puente de piedra natural formado por erosión que conecta dos picos, con una luz de 40 metros de ancho y colgando sobre un abismo de 300 metros. Caminar sobre él (hay barandas, tranquilo) es una de esas experiencias donde tu cerebro reptiliano te grita «ESTO NO ES SEGURO» mientras tu cerebro racional sabe que millones de personas lo han cruzado sin problemas.

Tianzi Mountain: El mirador donde se termina la Tierra

El segundo día deberías dedicarlo completo a Tianzi Mountain (Montaña del Hijo del Cielo), que con sus 1,262 metros de altura es el punto más elevado del parque. Pero acá viene el dato clave: no necesitás escalarla. Hay un teleférico que te sube en 15 minutos desde la base, y créeme, esos 15 minutos son un espectáculo en sí mismos.

La vista desde He Long Park (el mirador principal de Tianzi) es probablemente la postal más famosa de Zhangjiajie después de la columna de Avatar. Desde acá ves literalmente cientos de pilares extendiéndose hasta el horizonte. En días claros, podés ver hasta 50 kilómetros de distancia. Pero los días de niebla son los más mágicos: los pilares cercanos sobresalen de un mar blanco infinito, y realmente sentís que estás en otro planeta.

Si te gusta caminar, el sendero Shentang Gulf es espectacular. Son unos 4 kilómetros que bordean el borde del acantilado, con miradores cada pocos cientos de metros. Es el lugar perfecto para entender la verdadera escala vertical de este paisaje. Cuando mirás hacia abajo y ves el bosque subtropical 400 metros más abajo, con los pilares emergiendo como torres medievales de piedra, tu perspectiva sobre lo que es «montaña» cambia para siempre.

Un truco que aprendimos después de traer varios grupos acá: llevá algo de abrigo. Aunque estés visitando en verano y abajo haya 30 grados, acá arriba con el viento puede hacer fresco. Y snacks. Hay algunos puestos de comida, pero son caros y limitados. Un par de barritas energéticas y agua van a hacer tu vida muchísimo más fácil.

Golden Whip Stream: El valle donde caminas entre gigantes

Para el tercer día, después de dos días de vistas aéreas y miradores en altura, es momento de cambiar la perspectiva completamente. Golden Whip Stream es un sendero de 7.5 kilómetros que va por el fondo del valle, literalmente entre los pilares. Es caminar por el suelo del bosque mientras mirás hacia arriba a esas formaciones que parecen rascacielos naturales.

El sendero es relativamente plano (una bendición después de las escaleras interminables de Tianzi), siguiendo un arroyo de agua cristalina. La luz del sol filtrándose entre los picos crea efectos de iluminación dramáticos, especialmente a media mañana. Es uno de los pocos lugares en Zhangjiajie donde realmente podés apreciar la escala vertical de las formaciones: estar al lado de un pilar de 200 metros de altura es una experiencia completamente diferente a verlo desde un mirador.

Prestá atención a los monos macacos que viven acá. Son simpáticos pero astutos: si ven que tenés comida, van a intentar robarla con una eficiencia que haría llorar de orgullo a cualquier carterista profesional. La regla es simple: admirá, fotografiá, pero no alimentes ni te acerques demasiado.

El puente de cristal que no es para cardíacos

Si después de tres días todavía tenés ganas de más adrenalina (o si querés probar tus límites de vértigo), está el Puente de Cristal de Zhangjiajie, en el Gran Cañón de Zhangjiajie, a unos 40 minutos en auto del parque principal.

Este puente es una locura ingenieril: 430 metros de largo, 6 metros de ancho, suspendido 300 metros sobre el cañón, y con piso completamente de cristal. Es el puente de cristal más largo y alto del mundo, y cuando el viento lo hace balancearse ligeramente (están diseñados para eso), vas a entender por qué hay gente que llega hasta la mitad y literalmente se arrodilla para cruzar el resto gateando.

Te hacen poner zapatillas especiales sobre tus zapatos para no rayar el cristal, y no podés llevar cámaras profesionales (solo celulares). La experiencia de caminar sobre el vacío absoluto, viendo el río 300 metros más abajo directamente bajo tus pies, es indescriptible. Algunos lo aman. Otros lo odian. Pero nadie lo olvida.

El viaje que redefine tu concepto de «impresionante»

Después de recorrer Chongqing y Zhangjiajie, tu escala de referencia para arquitectura y naturaleza va a estar completamente recalibrada. Vas a volver a casa con fotos que tus amigos no van a creer que son reales hasta que les muestres videos. Vas a tener anécdotas sobre monorrieles que atraviesan edificios y montañas que parecen flotar en el cielo.

Pero más allá de las fotos y las historias, hay algo profundo en experimentar lugares que desafían lo que creías posible. Chongqing te muestra que los humanos pueden adaptarse a literalmente cualquier geografía si tienen suficiente creatividad e ingeniería. Zhangjiajie te recuerda que la naturaleza lleva millones de años practicando el arte de lo imposible, y que incluso nuestras mejores películas de ciencia ficción apenas rozan lo que ya existe en este planeta.

Ambos destinos comparten algo fundamental: te hacen sentir pequeño, pero en el buen sentido. No pequeño e insignificante, sino pequeño y maravillado. Es ese tipo de experiencia que recalibra tu perspectiva, que te hace ver tu ciudad natal con ojos nuevos cuando volvés, que te recuerda que el mundo es mucho más extraño, más diverso, y más fascinante de lo que cualquier foto de Instagram puede capturar.

Si estás considerando este viaje, nuestro consejo es simple: hacelo. No es el destino más accesible del mundo, no es el más barato, y definitivamente no es el más fácil de navegar si no hablás chino. Pero es, sin exagerar, uno de esos viajes que divide tu vida viajera en «antes» y «después». Antes de ver pilares de piedra de 200 metros emerger de la niebla. Después de caminar sobre puentes de cristal suspendidos en el vacío. Antes de subirte a un monoriel que atraviesa un edificio. Después de entender que las ciudades no necesitan ser planas.

Preguntas frecuentes que todos hacen (y las respuestas que necesitás)

¿Es difícil moverse sin hablar chino?

Honestamente, sí. Especialmente en Chongqing, donde el inglés es limitadísimo incluso en hoteles. Pero es absolutamente manejable con tecnología: Google Translate (descargá el idioma chino offline antes de llegar), apps de mapas como Baidu Maps, y WeChat para pedir taxis. En Zhangjiajie, al ser zona turística, hay más señalización en inglés. La clave es ir preparado: llevá la dirección de tu hotel escrita en chino, descargá apps útiles antes de llegar, y tené siempre data o WiFi portable.

¿Qué nivel físico necesito para Zhangjiajie?

Si usás todos los teleféricos y ascensores, nivel básico. Podés ver lo esencial caminando distancias moderadas en terreno mayormente plano o con escaleras bien mantenidas. Pero si querés los senderos menos turísticos y las mejores vistas, necesitás estar cómodo caminando 10-15 km por día con desniveles importantes. Las escaleras son el verdadero desafío: hay secciones con literalmente miles de escalones. Rodillas y tobillos fuertes son tu mejor aliado

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