Ecuador te espera: Quito, Guayaquil y todo lo que nadie te cuenta


Cada lugar tiene una historia que contar


#volvésdistinto

¿Sabías que Ecuador es el único país del mundo que lleva el nombre de un fenómeno geográfico y, al mismo tiempo, concentra cuatro patrimonios de la humanidad en un territorio más pequeño que la provincia de Buenos Aires? Sí, leíste bien. Un país que te cabe casi en el bolsillo pero que, paradójicamente, se siente infinito cuando lo recorrés.

La mayoría de los argentinos que sueñan con Sudamérica piensan en Machu Picchu, en Cartagena, en el Altiplano boliviano. Ecuador aparece después, casi como una segunda opción. Y eso, querido viajero, es exactamente lo que lo hace tan especial: todavía no está masificado al punto de perder su alma. Todavía podés llegar al centro histórico de Quito en un martes de octubre y sentir que el tiempo se detuvo en algún punto del siglo XVIII. Todavía podés caminar por el Malecón de Guayaquil al atardecer y que un local te invite un café de cortesía sin pedirte nada a cambio… y Travel Wise te lleva a recorrerlo.

Este artículo es tu hoja de ruta real. No la de los folletos de agencia. La que te cuenta lo que vas a sentir, lo que conviene hacer, lo que podés saltarte, y cómo sacarle el máximo jugo a un destino que tiene mucho más para dar de lo que cualquier foto de Instagram podría mostrar.

Ecuador desde los ojos argentinos: por qué este destino te va a sorprender más de lo que esperás

Hay algo que los argentinos tenemos muy grabado en el ADN viajero: la comparación. Llegamos a cualquier destino y, casi sin querer, empezamos a contrastar. «¿Es más lindo que…?», «¿Es más caro que…?», «¿Vale más que…?». Y con Ecuador como destino turístico, el ejercicio es fascinante porque el país rompe todos los moldes.

Un almuerzo ejecutivo en el centro de Quito cuesta entre 3 y 5 dólares. Un taxi dentro de la ciudad raramente supera los 4 o 5 dólares. Un hotel boutique en el casco histórico puede conseguirse desde 45 dólares la noche con desayuno incluido. Hacé la cuenta y vas a entender rápido por qué cada vez más argentinos están eligiendo viajar a Ecuador como alternativa tanto al tradicional circuito europeo como a los destinos caribeños.

Pero más allá de los números, Ecuador enamora por algo mucho más difícil de cuantificar: su diversidad. En un solo viaje podés desayunar con vista al volcán Cotopaxi, almorzar en un mercado indígena de las alturas andinas, y cenar mariscos frescos en la costa. Todo en el mismo día. Es como si alguien hubiera condensado todo el continente en un país boutique.

Quito: la ciudad que te abraza desde las alturas

Hay pocas ciudades en el mundo que generen esa mezcla particular de vértigo y fascinación que produce Quito. Ubicada a 2.850 metros sobre el nivel del mar, entre volcanes y nubes bajas, la capital ecuatoriana es la segunda ciudad más alta del mundo con más de un millón de habitantes. Y lo primero que te va a hacer es recordarte que estás muy arriba: puede que los primeros dos días sientas un leve soroche (el mal de altura que los andinos conocen de sobra), nada que un mate de coca y paciencia no resuelvan.

Una vez que tu cuerpo se adapta, Quito te abre sus brazos de una manera que pocas capitales latinoamericanas pueden igualar.

El centro histórico: un viaje en el tiempo sin boleto de vuelta

El casco histórico de Quito fue el primer sitio del mundo en ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1978. No es marketing turístico: es mérito real. Más de 130 edificios monumentales y más de 5.000 inmuebles históricos conviven en 376 hectáreas donde cada esquina tiene algo para contarte.

La Basílica del Voto Nacional, con sus gárgolas en forma de animales ecuatorianos (tortugas galápaguinas, iguanas, cóndores), es probablemente el edificio más sorprendente del conjunto. Subí a las torres si te animás: la vista desde arriba es de esas que te hacen sacar el celular antes incluso de entender bien qué estás viendo.

La Plaza Grande, corazón histórico de la ciudad, es el lugar perfecto para sentarse en un banco y observar. Presidencia, Municipio, Catedral y el Hotel Plaza Grande (donde Simón Bolívar se hospedó alguna vez) forman un conjunto arquitectónico que podría tranquilamente estar en cualquier capital europea. Pero está acá, en Ecuador, y podés recorrerlo sin pagar entrada.

Un tip que pocos guías te cuentan: visitá el barrio de La Ronda al caer el sol. Es una callejuela colonial empedrada que se transforma al atardecer en un pasaje de música en vivo, artesanos trabajando y restaurantes con mesas en la vereda. Pedite un canelazo (aguardiente con naranjilla y canela, la bebida tradicional quiteña) y entendés por qué a esta ciudad le dicen «La Carita de Dios».

Gastronomía quiteña: mucho más que papas y maíz

El turismo gastronómico en Ecuador está en pleno auge y Quito se posiciona como una de las mejores ciudades para comer bien en toda América del Sur.

El ceviche de camarón es diferente al peruano (lleva tomate, naranja y ketchup, y es suave y dulzón), el locro de papa es un sopón cremoso que reconforta el alma serrana, y el llapingacho (torta de papa con queso derretido adentro) es el antecedente místico de cualquier empanada argentina. Para los amantes del cuy (sí, el cobayo) existe una tradición culinaria completa que podés explorar o evitar, según tu corazón lo indique.

La zona de La Mariscal (también conocida como «Gringolandia» por la abundancia de hostels y turistas) tiene una oferta gastronómica muy variada y accesible. Pero si querés comer como quiteño real, buscá los mercados: el Mercado Central o el Mercado San Francisco son los más auténticos, donde un desayuno completo no te cuesta más de 2,50 dólares.

Guayaquil: el otro Ecuador que te va a cambiar el chip

Si Quito es la capital histórica y andina, Guayaquil es su contraparte tropical y costera. La ciudad más poblada del Ecuador (con más de 2,5 millones de habitantes) vive a nivel del mar, a orillas del río Guayas, con un calor que te envuelve desde el momento en que bajás del avión o del bus.

Hay argentinos que la subestiman. «¿Para qué ir a Guayaquil si tengo Quito?», escuchamos a veces. Es el error clásico del viajero que no entiende que Ecuador tiene dos personalidades completamente distintas, y que entender el país de verdad implica conocer las dos.

El Malecón 2000: la recuperación urbana que inspiró a toda Latinoamérica

A fines de los años 90, el frente ribereño de Guayaquil era zona de abandono e inseguridad. Hoy, el Malecón 2000 es uno de los paseos urbanos más modernos de Sudamérica: 2,5 kilómetros de parques, museos, restaurantes y espacios culturales sobre las orillas del río Guayas.

Viajar a Ecuador

Lo que más llama la atención es la mezcla. Hay un IMAX, un mini-acuario, una réplica del buque historico Huáscar, monumentos a Bolívar y San Martín (sí, al nuestro también) y el impresionante Palacio de Cristal, un edificio metálico traído desde Europa a principios del siglo XX que hoy funciona como centro cultural.

El atardecer desde el Malecón es uno de esos momentos que no se pueden describir con exactitud: el río ancho, el cielo naranja, los barcos que pasan. Es el tipo de panorama que hace que cualquier foto salga perfecta.

Las Peñas y el Cerro Santa Ana: bohemia y panoramas

Subir los 444 escalones del Cerro Santa Ana puede sonar a tortura. Pero cada descanso tiene algo para ofrecerte: murales, jardines, casas de colores, un faro en la cima, y vistas de la ciudad que justifican cada escalón.

Viajar a Ecuador

Las Peñas, el barrio bohemio al pie del cerro, es el rincón más pintoresco de Guayaquil. Galerías de arte, cafés con estética vintage, tiendas de artesanías y la arquitectura de madera tropical que sobrevivió a los varios incendios que asolaron la ciudad en el pasado. Es el lugar donde los guayaquileños van a tomarse un café un domingo a la mañana, y donde vos podés sentarte a observar la vida pasar sin que nadie te apure.

Cómo moverse entre Quito y Guayaquil: avión, bus o la ruta escénica

Esta es la pregunta práctica que todo viajero argentino hace antes de armar el itinerario. Y la respuesta tiene varias capas.

El avión es la opción más rápida: el vuelo dura 30 minutos y cuesta entre 40 y 90 dólares según la aerolínea y la anticipación con que lo comprés. Aerogal, LATAM y JetSmart Ecuador cubren la ruta con vuelos frecuentes.

El bus es la opción más económica y, para los viajeros con tiempo y curiosidad, la más reveladora. El trayecto dura entre 8 y 9 horas, cuesta alrededor de 10 dólares, y atraviesa una variedad de paisajes que resumen perfectamente la diversidad geográfica ecuatoriana: la sierra andina con sus volcanes nevados, los valles interandinos y el descenso gradual hacia la costa. Empresas como Flota Imbabura o Transportes Ecuador tienen servicios cómodos con aire acondicionado y reclinación de asiento.

La ruta escénica es para los aventureros: existe la opción de tomar buses locales que pasan por Riobamba, desde donde se puede tomar el famoso tren del Diablo (o Nariz del Diablo), uno de los recorridos ferroviarios más impresionantes de América. Si tenés tiempo de sobra y alma de explorador, esa es tu opción.

Lo que conviene saber antes de viajar a Ecuador desde Argentina

Organizar un viaje a Ecuador desde Argentina tiene sus particularidades que vale la pena conocer de antemano para no llevarse sorpresas… Y Travel Wise te organiza y arma el viaje de la forma más conveniente a tu gusto

Vuelos directos: Aerolíneas Argentinas tiene vuelos directos desde Buenos Aires hacia Quito (vía Ezeiza) y hacia Guayaquil. El tiempo de vuelo es de aproximadamente 4,5 a 5 horas. Latam tiene vuelos desde Córdoba vía Lima.

Documentación: Los argentinos no necesitan visa para ingresar a Ecuador. Solo con el DNI alcanza para estancias de hasta 90 días. Sin embargo, es importante tener el pasaporte vigente si vas a hacer conexiones internacionales o si planeás visitar las Islas Galápagos (que requieren trámites adicionales).

Época del año: Ecuador tiene una lógica climática diferente a la argentina. En la sierra (Quito), la temporada seca va de junio a septiembre y de enero a febrero, aunque las lluvias del resto del año suelen ser breves y predecibles. En la costa (Guayaquil), la temporada lluviosa va de diciembre a mayo, con temperaturas altas todo el año. La mejor época para visitar ambas ciudades es entre junio y agosto.

Salud: Si venís directamente a Quito, preparate para la altura. Lo ideal es no hacer esfuerzos físicos intensos en los primeros días, hidratarse bien y evitar el alcohol las primeras 48 horas. Las farmacias locales tienen mate de coca y pastillas para el soroche que funcionan bien.

Lo que viene en la segunda parte

Hasta acá hicimos el recorrido por las bases: entendiste por qué Ecuador merece un lugar destacado en tu lista de viajes, conociste el alma de Quito y las sorpresas de Guayaquil, y tenés los datos prácticos fundamentales para llegar preparado.

Pero esto es solo la mitad del mapa. En la segunda parte vamos a profundizar en todo lo que hace único a este destino más allá de las dos grandes ciudades: las excursiones imperdibles desde cada una (el Cotopaxi, las rosas de Cayambe, la isla Santay), cómo armar el itinerario perfecto según cuántos días tenés disponibles, qué comer que no te podés perder, y la gran pregunta que siempre aparece: ¿vale la pena sumar las Islas Galápagos al viaje? La respuesta va a sorprenderte.

Más allá de las ciudades: las excursiones que completan el mapa ecuatoriano

Quedarse solo en Quito y Guayaquil sería como venir a Argentina y no salir de Buenos Aires. Las ciudades son el punto de partida, no el destino final. Ecuador tiene una geografía tan concentrada y tan diversa que desde cualquiera de las dos capitales podés hacer excursiones de día que, en otros países, implicarían viajes de varios días.

Esta es, quizás, la ventaja competitiva más subestimada del país: la compacidad. Todo está cerca. Todo es accesible. Y casi todo tiene un nivel de impacto visual y cultural que te deja sin palabras.

Desde Quito: el corredor de los volcanes que flanquea la historia

Ecuador tiene más de 50 volcanes activos e inactivos en su territorio. La llamada Avenida de los Volcanes, bautizada así por el explorador alemán Alexander von Humboldt en el siglo XIX, es el corredor andino que se extiende desde Quito hacia el sur, flanqueado por gigantes geológicos que superan los 5.000 metros de altura. Pero lo que pocos cuentan es que ese mismo corredor fue también la columna vertebral del Imperio Inca y, después, de la colonización española: los pueblos que salpican esa ruta guardan iglesias, plazas y mercados que son cápsulas del tiempo perfectamente conservadas.

El más visitado es el Cotopaxi: con 5.897 metros es uno de los volcanes activos más altos del mundo, y cuando el cielo está despejado, su cono perfectamente simétrico cubierto de nieve es una de las imágenes más impactantes de toda América del Sur. El Parque Nacional Cotopaxi está a solo 90 kilómetros de Quito y puede visitarse en excursión de día, con precios que rondan los 35-50 dólares con transporte y guía incluidos.

A 30 minutos más al sur está Quilotoa: una laguna de aguas turquesa formada dentro del cráter de un volcán extinto. El color del agua cambia según la luz del día, del verde esmeralda al azul profundo, y caminar el borde del cráter es una experiencia que mezcla esfuerzo físico y belleza sobrenatural en proporciones iguales.

Para los amantes de las flores, la ruta hacia Cayambe al norte de Quito atraviesa la mayor zona productora de rosas de exportación del mundo. Ecuador exporta más de 800 millones de tallos por año, y algunas haciendas florícolas ofrecen visitas guiadas donde podés ver el proceso completo y comprar flores directamente a precio de productor.

Desde Guayaquil: manglar, cacao y naturaleza costera

Guayaquil tiene su propio conjunto de excursiones que la mayoría de los turistas ignora por el apuro de seguir viaje. Grave error.

A solo 15 minutos en bote desde el Malecón está la Isla Santay: una reserva ecológica declarada Humedal Ramsar donde vivían comunidades de pescadores que coexistían con cocodrilos, iguanas y más de 150 especies de aves. Hoy es parque nacional con una pasarela de madera de 22 kilómetros que te permite recorrerla sin pisar el suelo del manglar. La experiencia es surrealista: estás a 15 minutos de una metrópolis de 2,5 millones de personas y sentís que estás en el corazón de la selva.

Hacia el norte de la costa se extiende el llamado Corredor del Cacao: la zona donde nació el cacao fino de aroma ecuatoriano, considerado por los maestros chocolateros del mundo como el mejor del planeta. Haciendas como La Danesa y Hoja Verde ofrecen visitas guiadas con cata de chocolates que te cambian para siempre la relación con ese alfajor de los domingos. Son excursiones de día completo con precios que rondan los 60-80 dólares con transporte y almuerzo incluidos.

El patrimonio colonial: la razón más poderosa para venir a Ecuador

Acá está el corazón del asunto. El argumento que, si sos el tipo de viajero que siente algo especial frente a una piedra centenaria, una cúpula barroca o una plaza donde el tiempo parece haberse detenido, te va a convencer de reservar el vuelo esta misma semana.

Ecuador tiene la mayor concentración de arquitectura colonial preservada de toda América del Sur. No es una frase de folleto turístico: es una realidad reconocida por la UNESCO, por historiadores y por arquitectos de todo el mundo que llegan específicamente a estudiar lo que acá se conservó casi por milagro.

Quito colonial: la ciudad que la historia no se animó a borrar

Ya hablamos del centro histórico de Quito en la primera parte, pero el tema merece más profundidad porque pocas ciudades del continente tienen tanto para contar por metro cuadrado.

La Compañía de Jesús es, para muchos especialistas, la iglesia barroca más extraordinaria de América. Su fachada de piedra tallada en estilo barroco andino, con influencias indígenas mezcladas con motivos europeos, tardó 160 años en construirse (entre 1605 y 1765). El interior está revestido en siete toneladas de pan de oro. Siete toneladas. Cuando entrás y tu vista se ajusta a la penumbra dorada, lo primero que sentís es algo parecido al vértigo. Lo segundo es la necesidad de sentarte y mirarlo en silencio durante un buen rato.

A dos cuadras, la Catedral Metropolitana lleva en pie desde 1567, apenas décadas después de la fundación española de la ciudad. Su arquitectura es más sobria, más gótica, pero guarda en su interior algo invaluable: los restos del Mariscal Antonio José de Sucre, el gran héroe de la independencia ecuatoriana, y las capillas laterales donde se concentra una colección de arte colonial que pocos museos podrían igualar en autenticidad de contexto.

El Convento de San Francisco, fundado en 1535 (apenas cuatro años después de la conquista española), es probablemente el conjunto religioso colonial más grande de toda América del Sur. Sus claustros, su museo de arte colonial y su iglesia principal ocupan una manzana completa en el corazón del centro histórico. El museo guarda más de 3.000 piezas de la llamada Escuela Quiteña: esa fusión única entre técnicas europeas renacentistas y sensibilidad indígena que produjo algunas de las obras de arte religioso más singulares del mundo.

¿Qué es la Escuela Quiteña, exactamente? Es la corriente artística que surgió en Quito durante los siglos XVII y XVIII, cuando artesanos indígenas formados por órdenes religiosas comenzaron a interpretar los modelos europeos con sus propios ojos y sus propias manos. El resultado son vírgenes con rasgos mestizos, cristos de madera policromada con una expresividad casi perturbadora, y ángeles con alas de plumas de cóndor. Piezas que hoy están en el Vaticano, en el Museo del Prado y en colecciones privadas de todo el mundo, pero que en Quito podés ver en su contexto original, en las mismas iglesias y capillas para las que fueron creadas hace tres o cuatro siglos.

El barrio de La Ronda: cuando lo colonial se vuelve cotidiano

Una cosa es visitar un monumento colonial. Otra muy distinta es caminar por una calle que sigue funcionando como funcionaba hace 300 años, con sus casas de adobe y teja, sus balcones de madera tallada que casi se tocan sobre el empedrado angosto, sus patios interiores donde todavía viven familias o funcionan talleres de artesanos.

El barrio de La Ronda es eso. Una de las calles más antiguas de Quito, que en el período colonial fue el barrio de los artistas, los músicos y los poetas. Hoy conviven en ella galerías de arte, talleres de máscaras, fabricantes de instrumentos andinos, chocolaterías artesanales y restaurantes con mesas en la vereda donde el menú del día cuesta menos de cuatro dólares.

Lo que hace único a La Ronda es que no es un museo al aire libre ni un parque temático: es un barrio vivo. Los vecinos coexisten con los turistas sin perder su cotidianeidad. Al mediodía podés ver a una señora colgando ropa en el balcón mientras a tres metros hay un turista fotografiando la fachada de su casa. Al atardecer, los músicos empiezan a afinar en los bares y el pasaje se llena de ese ruido particular que tienen los lugares donde la historia y la vida diaria se mezclan sin esfuerzo.

Cuenca: el tercer vértice del triángulo colonial ecuatoriano

Si Quito y Guayaquil son los dos grandes polos del Ecuador que todo viajero visita, Cuenca es el secreto mejor guardado del circuito colonial. La tercera ciudad del país, ubicada en los Andes del sur a unas cuatro horas de Guayaquil en bus o 30 minutos en avión desde Quito, tiene un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999 que compite de igual a igual con el quiteño en belleza y supera a muchos en intimidad y escala humana.

Cuenca fue construida siguiendo el modelo de la cuadrícula española perfecta, con plazas, iglesias y conventos que forman un conjunto armónico raramente alterado por la arquitectura moderna. La Catedral de la Inmaculada Concepción, con sus cúpulas azules que dominan el skyline de la ciudad, es la imagen más reproducida del Ecuador colonial y una de las postales más reconocibles de toda América del Sur.

Pero Cuenca no es solo monumentos: es una ciudad universitaria con vida cultural intensa, mercados donde los sombreros de paja toquilla son más baratos y de mayor calidad que en cualquier otro lugar del país, y una temperatura eterna de primavera (entre 12 y 18 grados todo el año) que hace que caminar sus calles empedradas sea un placer en cualquier época.

Para los que tienen tiempo de sumar una tercera ciudad al itinerario, Cuenca es la elección obvia. No la más conocida, no la más espectacular en términos fotográficos, pero sí la más auténtica. La que te hace sentir, con más fuerza que ninguna otra, que hay una América que sobrevivió intacta debajo de todo lo que el siglo XX intentó cambiar.

Compras y souvenirs: qué llevarse que valga la pena

Viajar a Ecuador y volver con las manos vacías sería desperdiciar una oportunidad de oro. El país tiene una tradición artesanal que sobrevivió siglos y que hoy produce algunos de los mejores souvenirs de Latinoamérica.

El sombrero de paja toquilla, conocido mundialmente como «sombrero Panamá» (aunque es ecuatoriano, y los ecuatorianos no te perdonan que lo llames así), es el souvenir premium por excelencia. Los mejores se producen en Montecristi, pero se consiguen en Quito y Cuenca. Un sombrero de calidad media cuesta entre 30 y 80 dólares; los de alta gama, tejidos a mano durante meses, pueden superar los 500 dólares y son piezas de colección.

Las artesanías otavaleñas (tapices, ponchos, bolsos, joyería en plata y piedras andinas) son otra compra imperdible. El Mercado Artesanal de Otavalo, que funciona los sábados desde el amanecer, es uno de los mercados indígenas más grandes y coloridos de América del Sur.

El chocolate ecuatoriano es de las mejores compras que podés hacer. Marcas como Pacari, República del Cacao y To’ak ganaron premios internacionales y acá se consiguen a precios muy inferiores que en Europa. Un pack de tabletas para llevar de regalo no supera los 25-30 dólares y genera un impacto desproporcionado en quien lo recibe.

Seguridad en Ecuador: la pregunta que todo argentino hace antes de viajar

Es un tema que no podemos ignorar y merece una respuesta honesta, sin alarmismo ni minimización. Ecuador atravesó un período de tensión en materia de seguridad en los últimos años que tuvo visibilidad mediática internacional. Sería irresponsable no mencionarlo.

Sin embargo, la realidad para el turista que visita los circuitos habituales de Quito, Guayaquil y Cuenca es significativamente más tranquilizadora de lo que los titulares sugieren. Las zonas turísticas cuentan con presencia policial sostenida, cámaras de seguridad y un nivel de cuidado hacia el visitante que las autoridades mantienen como prioridad, dado el peso económico del turismo en el país.

Los cuidados básicos que aplicarías en cualquier ciudad latinoamericana aplican acá también: no mostrar objetos de valor innecesariamente, usar taxis de aplicaciones (Cabify e InDriver funcionan muy bien en ambas ciudades) en lugar de taxis de la calle, informarte sobre las zonas a evitar y moverte en grupo de noche en barrios desconocidos.

Consultá siempre las recomendaciones actualizadas de la Cancillería Argentina y de otros viajeros recientes en foros y grupos de redes sociales. La información en tiempo real vale más que cualquier generalización.

Ecuador no espera, y vos tampoco deberías

A lo largo de estas páginas recorriste tres ciudades, varios volcanes, un manglar, una laguna cratérica, chocolates premiados y sombreros milenarios. Pero lo que realmente recorriste fue otra cosa: una forma de entender la historia americana que no te enseñaron en el colegio.

Porque eso es, en el fondo, lo que hace tan especial al patrimonio colonial de Ecuador. No es un conjunto de edificios lindos para fotografiar. Es la evidencia física de una historia compleja, dolorosa y extraordinariamente creativa, donde dos mundos chocaron, sufrieron, y terminaron produciendo algo completamente nuevo: una arquitectura, un arte, una gastronomía y una identidad que no existían antes y que hoy son únicas en el mundo.

Quito te abraza con sus siete toneladas de oro en la Compañía de Jesús. Guayaquil te seduce con su río ancho y su barrio de colores. Cuenca te convence con su escala humana y sus cúpulas azules. Y juntas, las tres, te dan algo que muy pocos destinos turísticos pueden ofrecer: la sensación de haber viajado en el espacio y también en el tiempo.

El mejor momento para ir es siempre antes de que todo el mundo se entere de lo bueno que es. Ese momento, con toda honestidad, es ahora.


Preguntas frecuentes sobre viajar a Ecuador desde Argentina

¿Es necesario vacunarse antes de viajar a Ecuador? Para visitar Quito y Guayaquil no hay vacunas obligatorias para ciudadanos argentinos. Se recomienda tener al día la hepatitis A y, si vas a zonas costeras rurales, consultar con un médico sobre la vacuna antiamarílica con al menos 10 días de anticipación al viaje.

¿Cuántos días necesito para recorrer el centro histórico de Quito sin apuros? Con 2 días completos tenés tiempo suficiente para visitar la Compañía de Jesús, el Convento de San Francisco, la Plaza Grande y el barrio de La Ronda sin correr. Si sumás museos y subís a la Basílica, calculá un tercer día tranquilo para no perderte nada importante.

¿Qué diferencia real hay entre visitar Quito y visitar Guayaquil en el mismo viaje? Son dos experiencias completamente distintas que se complementan: Quito te da historia, arquitectura colonial y paisaje andino, mientras que Guayaquil te ofrece clima tropical, río, gastronomía costera y una energía urbana más moderna. Visitar solo una es quedarse con la mitad del Ecuador real.

¿Ya empezaste a imaginar tu recorrido por las calles empedradas de Quito o los balcones coloniales de Las Peñas? Si tenés dudas sobre presupuesto, alojamiento o cómo combinar Ecuador con otros destinos de la región, dejá tu consulta: estamos para ayudarte a planificar el viaje que siempre imaginaste.

Galería

Islas Galápagos: el viaje que cambia tu manera de ver el mundo

Blog
Leer nota
#

Monteverde, Costa Rica: tu escape al paraíso verde

América
Leer nota
#,

Cusco: La ruta ideal hacia el enigma del Machu Picchu y su historia

Blog
Leer nota
#,

Conocer Lima: Un viaje a través de su rica historia

Blog
Leer nota

Guatemala: el secreto mejor guardado de Centroamérica

Blog
Leer nota
Contactanos

(351) 153 - 733 054 / (351) 384 - 7409

(351) 230 - 1707

    Suscribite y recibí nuestras novedades,
    contenidos exclusivos y mucho más.