¿Alguna vez imaginaste caminar por los mismos salones donde emperadores chinos gobernaron durante siglos? ¿O pararte sobre una muralla que literalmente cambió el curso de la historia mundial? Desde Travel Wise, llevamos años organizando viajes a Beijing, y cada vez que regresamos de la capital china, volvemos con historias que parecen sacadas de un libro de aventuras. Porque Beijing (también conocida como Pekín) no es simplemente una ciudad: es un portal viviente hacia 3,000 años de civilización ininterrumpida.
Con más de 21 millones de habitantes, Beijing es una de las megaciudades más fascinantes del planeta. Aquí, rascacielos futuristas conviven con templos budistas del siglo XVII, autos eléctricos circulan junto a callejones centenarios llamados hutongs, y la tecnología más avanzada coexiste con tradiciones que se remontan a las dinastías imperiales. Para nosotros en Travel Wise, esta dualidad es lo que hace de Beijing un destino absolutamente imperdible para viajeros argentinos que buscan experiencias transformadoras.
En este artículo te vamos a contar todo sobre los lugares más emblemáticos de Beijing, desde la majestuosa Gran Muralla China hasta los tesoros ocultos en sus barrios tradicionales. Te compartiremos consejos prácticos que solo conocemos quienes hemos recorrido esta ciudad una y otra vez, y te daremos las claves para que tu experiencia en la capital imperial sea inolvidable.
Arranquemos por lo más icónico: la Gran Muralla China. Aunque técnicamente no está dentro de Beijing sino en sus alrededores, ningún viaje a la capital china está completo sin visitar esta maravilla del mundo antiguo. Con más de 21,000 kilómetros de extensión construidos a lo largo de diferentes dinastías, la Gran Muralla es probablemente la obra de ingeniería más impresionante jamás creada por el ser humano.

Te recomendamos especialmente tres secciones que están relativamente cerca de Beijing y que ofrecen experiencias completamente diferentes. La elección depende de tus prioridades: comodidad, autenticidad, o una combinación de ambas.
Mutianyu es nuestra sección favorita de la Gran Muralla y la que más recomendamos a nuestros viajeros. Ubicada a unos 70 kilómetros al noreste de Beijing (aproximadamente 1.5 horas en auto), esta sección ofrece el balance perfecto entre una muralla bien preservada y una experiencia menos masificada que Badaling.
Lo que hace especial a Mutianyu es su restauración impecable que respeta la arquitectura original. Las torres de vigilancia están distribuidas cada 100-200 metros a lo largo de 2.5 kilómetros de muralla transitable, creando esas postales cinematográficas que seguramente viste mil veces en fotos. La muralla serpentea por las montañas boscosas creando vistas espectaculares que cambian dramáticamente según la estación: verde exuberante en verano, dorado en otoño, y ocasionalmente nevada en invierno.
Pero hay algo que hace de Mutianyu una experiencia única: podés subir en teleférico (una subida de 10 minutos que te ahorra el esfuerzo físico considerable de escalar cientos de escalones) y bajar en tobogán. Sí, leíste bien. Hay un tobogán metálico serpenteante que baja por la montaña y que te devuelve a la base en una aventura adrenalínica de 5-7 minutos. Combinación teleférico-tobogán es especialmente popular entre familias con chicos o viajeros que prefieren conservar energía para explorar más la muralla en vez de agotarse en la subida.
Nuestro consejo de oro: llegá a Mutianyu antes de las 9 de la mañana o después de las 3 de la tarde para evitar los grupos de turistas masivos. La muralla al amanecer o al atardecer tiene una atmósfera mágica, casi mística, cuando la niebla matinal se disipa entre las montañas o cuando el sol poniente tiñe de dorado las antiguas piedras.
Badaling es la sección más famosa y visitada de la Gran Muralla, y por buenas razones. Ubicada a solo 70 kilómetros al noroeste de Beijing (aproximadamente 1 hora de viaje), fue la primera sección abierta al turismo en 1957 y ha recibido a más de 300 cabezas de estado y líderes mundiales, incluidos Nixon, Reagan y Obama.
La principal ventaja de Badaling es su accesibilidad excepcional. La muralla aquí está completamente restaurada, con escalones uniformes, barandas de seguridad, y facilidades modernas como baños limpios, restaurantes y tiendas de souvenirs. Hay teleféricos, escaleras mecánicas en algunas secciones, y opciones para personas con movilidad reducida. Si viajás con adultos mayores o tenés limitaciones físicas, Badaling es probablemente tu mejor opción.
Sin embargo, tenemos que ser honestos: Badaling puede estar absolutamente abarrotada de turistas, especialmente durante feriados chinos, fines de semana y la temporada alta (mayo-octubre). Hemos visto días donde literalmente tenés que hacer fila para caminar por ciertas secciones de la muralla. La experiencia puede sentirse más como un parque temático que como un sitio histórico.
Si decidís visitar Badaling, nuestra recomendación es ir entre semana, lo más temprano posible (abre a las 6:30 AM en verano), y caminar hacia las secciones menos transitadas. La mayoría de los turistas se quedan en los primeros 500 metros; si caminás 20-30 minutos más allá, encontrás tramos prácticamente desiertos donde podés tener la muralla para vos solo.
Para quienes buscan algo verdaderamente especial, la combinación de Simatai y Gubei Water Town ofrece una experiencia única que no encontrás en ninguna otra sección de la Gran Muralla. Simatai, ubicada a 120 kilómetros de Beijing (unas 2 horas de viaje), es la única sección de la muralla que abre de noche, permitiendo caminatas nocturnas iluminadas que crean una atmósfera absolutamente mágica.
Simatai es también una de las secciones menos restauradas, manteniendo mucho de su carácter original y «salvaje». Algunas partes son empinadas y desafiantes, con escalones irregulares y pendientes pronunciadas que requieren buen estado físico. Pero precisamente esa autenticidad es lo que la hace tan especial para los aventureros.
Al pie de la muralla se encuentra Gubei Water Town, una reconstrucción de una antigua ciudad acuática del norte de China que combina arquitectura tradicional con comodidades modernas. Canales, puentes de piedra, casas antiguas convertidas en hoteles boutique, y restaurantes que sirven cocina del norte de China crean una atmósfera romántica, especialmente de noche cuando todo está iluminado con faroles tradicionales.

Hay tours de día completo que incluyen la visita a Simatai al atardecer, cuando la luz dorada ilumina la muralla, seguido de una cena en Gubei Water Town y la caminata nocturna por la muralla iluminada. Es una experiencia premium, más cara que las otras opciones, pero absolutamente memorable para quienes buscan algo extraordinario.
Si la Gran Muralla representa el poderío militar de China, la Ciudad Prohibida representa su sofisticación cultural y artística. Este complejo palaciego, oficialmente llamado Museo del Palacio, fue la residencia imperial de 24 emperadores durante las dinastías Ming y Qing entre 1420 y 1912. Con 980 edificios que abarcan 720,000 metros cuadrados, es el complejo palaciego de madera más grande y mejor preservado del mundo.
Caminar por la Ciudad Prohibida es literalmente como retroceder en el tiempo. Cada edificio, cada puerta, cada detalle arquitectónico fue diseñado según principios del feng shui y simbolismo imperial chino. El color rojo dominante representa felicidad y buena fortuna, mientras que los techos amarillos (color exclusivo del emperador) simbolizan el poder supremo.

Dedicarle al menos 3-4 horas a la visita. El complejo es enorme y caminarás varios kilómetros. Nuestro consejo es contratar un guía o usar una audioguía (disponible en español) porque sin contexto histórico, los edificios pueden parecer repetitivos. Cada salón tiene historias fascinantes: intrigas palaciegas, decisiones que cambiaron el curso de la historia china, ceremonias imperiales de increíble complejidad.
No te pierdas el Salón de la Armonía Suprema, donde se celebraban las coronaciones imperiales y los eventos más importantes del estado. Con 35 metros de altura y sostenido por 72 columnas de madera, es una obra maestra arquitectónica. Los jardines imperiales en la parte norte del complejo ofrecen un respiro verde después de tanta arquitectura monumental.
Un dato práctico crucial: la Ciudad Prohibida vende entradas limitadas por día (80,000) y requiere reserva online con anticipación, especialmente durante temporada alta. Desde Travel Wise nos encargamos de todas estas gestiones para que no tengas que preocuparte por nada.
El Templo del Cielo es posiblemente el conjunto arquitectónico más hermoso de Beijing, y eso es decir mucho considerando la competencia. Construido en 1420 durante la dinastía Ming, este complejo de templos era el lugar donde los emperadores realizaban ceremonias solemnes para rezar por buenas cosechas y comunicarse con el cielo.
La arquitectura del Templo del Cielo está llena de simbolismo: la forma circular representa el cielo, mientras que las bases cuadradas representan la tierra. El Salón de Oración por las Buenas Cosechas, con su triple techo circular de tejas azules brillantes, es una de las imágenes más icónicas de Beijing. Construido completamente sin clavos usando un sistema de ensamblaje de madera increíblemente complejo, el edificio ha sobrevivido terremotos y siglos de uso.

Pero lo que más nos gusta del Templo del Cielo es el parque que lo rodea. Temprano por la mañana (el parque abre a las 6 AM), cientos de habitantes locales de Beijing vienen aquí a practicar tai chi, danza tradicional, caligrafía con agua en el piso, y música tradicional china. Es una ventana auténtica a la vida cotidiana de los beijineses y una oportunidad increíble para interactuar con locales.
Nuestro consejo: visitá el Templo del Cielo temprano en la mañana para vivir esa atmósfera local, y luego recorré el complejo de templos cuando abren oficialmente a las 8 AM. El contraste entre la energía social del parque y la solemnidad arquitectónica de los templos es fascinante.
La Plaza Tiananmén es mucho más que una plaza pública: es el epicentro político, histórico y simbólico de la China moderna. Con 440,000 metros cuadrados, es una de las plazas urbanas más grandes del mundo, capaz de albergar hasta un millón de personas.
El nombre Tiananmén significa «Puerta de la Paz Celestial», en referencia a la monumental puerta que separa la plaza de la Ciudad Prohibida. Sobre esta puerta cuelga el icónico retrato de Mao Zedong, fundador de la República Popular China, una imagen que se ha convertido en símbolo reconocible mundialmente de China. Fue precisamente desde el balcón de esta puerta que Mao proclamó la fundación de la República Popular China el 1 de octubre de 1949.
La plaza está flanqueada por edificios de importancia monumental: al oeste está el Gran Salón del Pueblo (sede del parlamento chino), al este el Museo Nacional de China (uno de los museos más visitados del mundo), y al sur el Mausoleo de Mao Zedong, donde el cuerpo embalsamado del líder revolucionario descansa en una urna de cristal visible para los visitantes.

Caminar por Tiananmén es una experiencia que te conecta visceralmente con la historia china del siglo XX. Aquí ocurrieron eventos que cambiaron el curso de la nación: desde la proclamación de la república hasta los eventos de 1989 que marcaron profundamente la conciencia global. La plaza tiene una atmósfera de solemnidad y grandeza difícil de describir: el espacio abierto es tan vasto que genera una sensación casi surrealista.
Te recomendamos visitar la plaza temprano por la mañana para presenciar la ceremonia del izamiento de la bandera al amanecer. Miles de chinos hacen fila antes del alba para ver este ritual diario ejecutado con precisión militar. Es un momento de profundo significado patriótico para los ciudadanos chinos, y presenciarlo te da una perspectiva única sobre el orgullo nacional que caracteriza a la sociedad china contemporánea.
Un consejo práctico importante: la seguridad en Tiananmén es extremadamente estricta. Pasarás por controles de seguridad similares a los aeropuertos, con detectores de metales y revisión de bolsos. No está permitido llevar líquidos en recipientes grandes, objetos punzantes, o cualquier cosa que las autoridades consideren potencialmente peligrosa. También hay restricciones fotográficas en ciertas áreas, especialmente cerca de edificios gubernamentales.
Si la Ciudad Prohibida representaba el poder formal y la rigidez del protocolo imperial, el Palacio de Verano era el refugio estival donde la familia imperial escapaba del calor sofocante de Beijing y disfrutaba de la naturaleza cultivada según los más refinados principios del diseño de jardines chinos.
Ubicado a 15 kilómetros del centro de Beijing, el Palacio de Verano abarca 290 hectares dominadas por el Lago Kunming, un lago artificial que ocupa tres cuartas partes del complejo. La Colina de la Longevidad se eleva en la orilla norte del lago, coronada por templos budistas, pabellones y pagodas que crean un skyline arquitectónico de postal.
Lo que hace absolutamente único al Palacio de Verano es el Corredor Largo, una galería cubierta de 728 metros que bordea el lago, decorada con más de 14,000 pinturas individuales que representan escenas de la literatura, historia y mitología chinas. Caminar por este corredor es como recorrer un museo de arte tradicional al aire libre. Cada viga transversal tiene pinturas diferentes: paisajes, flores, pájaros, escenas de óperas famosas.
Ver los paseos en bote por el Lago Kunming, una experiencia absolutamente recomendable especialmente en verano cuando los lotos están en flor. El Barco de Mármol, una extravagancia arquitectónica construida por la emperatriz Cixi usando fondos destinados a la marina imperial (lo que eventualmente contribuyó a la caída de la dinastía), es una de las estructuras más fotografiadas del complejo.
La Calle Suzhou, una réplica de una calle comercial tradicional del sur de China construida dentro del palacio, muestra cómo la familia imperial recreaba ambientes de otras regiones para su entretenimiento. Los edificios albergan pequeñas tiendas de artesanías, casas de té y restaurantes que mantienen la atmósfera de la China imperial.
Nuestro consejo es dedicarle al menos medio día completo al Palacio de Verano. El complejo es enorme y cada rincón tiene algo especial: templos escondidos en la colina, puentes arqueados sobre el lago, jardines de rocas que recrean paisajes montañosos en miniatura. Es uno de esos lugares donde podés perderte felizmente durante horas.
La mejor época para visitar es primavera (abril-mayo) cuando los cerezos y durazneros florecen, o el otoño (septiembre-octubre) cuando los árboles adquieren tonalidades doradas y rojizas que se reflejan en las aguas del lago. En invierno, cuando el lago se congela, los beijineses vienen a patinar sobre hielo, creando una atmósfera completamente diferente pero igualmente encantadora.
Si querés experimentar el Beijing auténtico, el que existía antes de los rascacielos y las autopistas elevadas, tenés que perderte en los hutongs. Estos callejones estrechos flanqueados por casas tradicionales de un piso llamadas siheyuan (casas con patio cuadrado) son los últimos vestigios del Beijing tradicional que lentamente va desapareciendo ante el desarrollo urbano acelerado.
Los hutongs tienen una historia de más de 700 años, remontándose a la dinastía Yuan. El nombre viene del mongol y significa «pozo de agua», porque estos barrios se organizaban alrededor de pozos comunitarios. En su apogeo, había más de 6,000 hutongs en Beijing; hoy quedan menos de 1,000, muchos de ellos protegidos como patrimonio cultural.

Desde Travel Wise recomendamos especialmente los hutongs cerca del Lago Houhai y las Torres del Tambor y la Campana. Estos barrios han logrado un equilibrio interesante entre preservación y modernización: las estructuras tradicionales se mantienen, pero muchas casas ahora albergan cafés modernos, bares, galerías de arte, y boutique hotels que atraen tanto a locales jóvenes como a turistas.
Caminar o, mejor aún, recorrer los hutongs en rickshaw (triciclos conducidos por conductores locales) es como viajar en el tiempo. Las casas siheyuan tradicionales se organizan alrededor de patios cuadrados según principios del feng shui: la casa principal mira hacia el sur para captar el máximo sol, mientras que las habitaciones laterales albergan a diferentes generaciones de la familia extendida.
Lo fascinante de los hutongs es que todavía funcionan como comunidades vivas. Verás a los abuelos jugando al mahjong en las entradas de las casas, niños corriendo por los callejones en bicicleta, vecinos charlando mientras cuelgan la ropa a secar en patios compartidos. Es una ventana a una forma de vida comunitaria que ha desaparecido en la mayor parte del Beijing moderno.
Muchas familias que viven en los hutongs abren sus casas para recibir visitantes, ofreciendo comidas caseras tradicionales y la oportunidad de experimentar la hospitalidad beijinesa auténtica. Desde Travel Wise organizamos estas experiencias culturales que van más allá del turismo superficial: compartir una comida con una familia local, aprender a cocinar jiaozi (dumplings), o simplemente charlar sobre la vida en Beijing mientras tomás té verde.
Los hutongs también son el mejor lugar para experimentar la gastronomía callejera beijinesa. Puestos de comida venden jianbing (crepes salados para el desayuno), baozi (bollos al vapor rellenos), tanghulu (frutas caramelizadas en palitos), y todo tipo de snacks tradicionales que difícilmente encuentres en restaurantes formales.
Nuestro consejo es recorrer los hutongs temprano por la mañana o al atardecer, cuando la vida de barrio está en su momento más activo. Llevá calzado cómodo porque las calles empedradas pueden ser irregulares, y andá con la mente abierta: no esperes perfección estética como en las zonas turísticas pulidas, sino la autenticidad cruda de barrios donde la gente realmente vive.
El Templo Lama, conocido oficialmente como Yonghegong, es el templo budista tibetano más importante fuera del Tibet. Construido originalmente en 1694 como residencia del príncipe que eventualmente se convertiría en el emperador Yongzheng, el complejo fue convertido en lamasería (monasterio tibetano) en 1744 y desde entonces ha sido un centro vital del budismo tibetano en China.
Lo primero que te impacta al entrar al Templo Lama es el aroma penetrante del incienso. Miles de fieles y visitantes queman palitos de incienso en los enormes incensarios de bronce ubicados en los patios, creando una atmósfera envuelta en humo aromático que inmediatamente te transporta a un espacio sagrado.
El templo consta de cinco salones principales organizados a lo largo de un eje norte-sur, cada uno más impresionante que el anterior. Pero la verdadera joya es el Pabellón Wanfu, que alberga una estatua de Maitreya (el Buda del futuro) tallada en un solo tronco de sándalo blanco. Con 18 metros de altura visible (8 metros adicionales están enterrados como base), es la estatua de Buda tallada en madera más grande del mundo, y está registrada en el Guinness World Records.
La estatua llegó al Templo Lama como regalo del séptimo Dalai Lama al emperador Qianlong en el siglo XVIII. El tronco de sándalo fue transportado desde el Tibet hasta Beijing en un viaje que tomó tres años. La artesanía es absolutamente impresionante: cada detalle de la vestimenta, las joyas y la expresión facial del Buda está tallado con precisión milimétrica.
Recomendamos visitar el Templo Lama temprano por la mañana, especialmente si visitás durante festivales budistas importantes como el Año Nuevo Tibetano o el cumpleaños de Buda. En estas fechas, el templo se llena de monjes tibetanos vestidos con sus túnicas rojas y amarillas, realizando ceremonias con cánticos guturales, cuernos ceremoniales y tambores que crean una atmósfera absolutamente hipnotizante.
Lo que hace especial al Yonghegong es que no es simplemente un museo: es un templo activo con más de 70 monjes budistas residentes que estudian, meditan y realizan ceremonias diarias. Podés presenciar estas ceremonias (manteniendo una distancia respetuosa) y sentir la espiritualidad genuina del lugar.
Los patios del templo están decorados con símbolos budistas tibetanos: ruedas de oración que los fieles giran mientras caminan, thangkas (pinturas religiosas tibetanas) de colores vibrantes, y estatuas de deidades budistas en poses de meditación o danza cósmica. Cada elemento tiene significados simbólicos profundos que un guía puede explicarte, aunque también hay placas informativas en inglés.
Un consejo práctico: el Templo Lama puede estar extremadamente concurrido, especialmente los fines de semana y durante festivales. Si visitás en temporada alta, llegá cuando abren (9 AM en verano, 9:30 AM en invierno) para evitar las multitudes. Y como en cualquier templo budista, mantené un comportamiento respetuoso: hablá en voz baja, no señales directamente las estatuas de Buda, y pedí permiso antes de fotografiar monjes.
Después de recorrer los lugares emblemáticos que todo visitante de Beijing debe conocer, queremos compartirte desde Travel Wise algunas experiencias menos obvias que transforman un viaje turístico en una inmersión cultural profunda.
La gastronomía beijinesa merece una mención especial. Sí, probablemente ya sabés del Pato Pekinés, el plato más famoso de la ciudad, que se sirve con piel crujiente, carne tierna, tortillas delgadas, salsa hoisin y cebolleta. Restaurantes como Quanjude (fundado en 1864) o Da Dong (versión más moderna y gourmet) son destinos en sí mismos. Pero Beijing ofrece mucho más: zhajiangmian (fideos con salsa de soja fermentada), baodu (tripa de cordero cocida), lu zhu huo shao (un guiso de vísceras con pan), y cientos de platos tradicionales del norte de China que raramente salen del país.
Los mercados nocturnos son otra experiencia imperdible. El Mercado Nocturno Donghuamen cerca de la Calle Wangfujing es famoso (o infame) por sus brochettes exóticas: escorpiones, cigarras, estrellas de mar, testículos de cordero. Es más espectáculo que gastronomía seria, pero definitivamente una experiencia memorable. Para comida callejera más tradicional y auténtica, los mercados en los hutongs ofrecen opciones deliciosas sin el factor «factor shock».
El arte contemporáneo chino tiene en Beijing su epicentro. El distrito 798 Art Zone, ubicado en una antigua fábrica militar reconvertida, alberga más de 200 galerías de arte, estudios de artistas, cafés hipster y tiendas de diseño. Es el Palermo Soho de Beijing, donde el arte político, la crítica social y la experimentación visual conviven en espacios industriales reconvertidos.
La ópera de Pekín, con sus maquillajes elaborados, trajes coloridos, acrobacias y música que suena extraña a oídos occidentales, es una expresión artística única que vale la pena experimentar al menos una vez. Teatros como el Liyuan Theatre o el Huguang Guild Hall ofrecen presentaciones con subtítulos en inglés que ayudan a seguir las complejas tramas mitológicas e históricas.
Después de recorrer virtualmente estos lugares extraordinarios, desde las antiguas piedras de la Gran Muralla China hasta los salones imperiales de la Ciudad Prohibida, desde la espiritualidad del Templo del Cielo hasta la vida cotidiana de los hutongs, esperamos haberte transmitido la magia que hace de Beijing un destino absolutamente transformador.
Para nosotros, Beijing no es simplemente otra ciudad en nuestro catálogo: es una experiencia que cambia perspectivas. Es donde Occidente finalmente entiende que el mundo es mucho más grande, diverso y antiguo de lo que imaginábamos. Es donde la historia deja de ser algo abstracto en libros de texto y se convierte en murallas que podés tocar, palacios que podés recorrer, tradiciones que podés experimentar.
Beijing desafía muchas de nuestras concepciones previas. La escala es diferente: todo es más grande, más poblado, más antiguo de lo que estamos acostumbrados en Argentina. Los ritmos son diferentes: una sociedad que combina eficiencia tecnológica extrema con paciencia milenaria. Los sabores son diferentes: una gastronomía que juega con texturas, temperaturas y combinaciones que nuestro paladar occidental nunca imaginó.
Pero precisamente esas diferencias son lo que hace que viajar importe. Porque viajar no es simplemente cambiar de geografía: es expandir nuestra comprensión de cómo los seres humanos podemos vivir, organizarnos, crear belleza y significado. Y Beijing, con sus 3,000 años de historia continua, tiene mucho que enseñarnos sobre perseverancia, adaptabilidad y respeto por la tradición sin sacrificar la innovación.
¿Cuál es la mejor época para visitar Beijing? Primavera (abril-mayo) y otoño (septiembre-octubre) son ideales por el clima templado y cielos más despejados. Evitá el verano (junio-agosto) que es caluroso, húmedo y lluvioso, y el invierno (diciembre-febrero) que es extremadamente frío con temperaturas bajo cero. Los feriados nacionales chinos (especialmente la primera semana de octubre) generan multitudes masivas en todos los sitios turísticos.
¿Necesito visa para viajar a Beijing desde Argentina? No, los argentinos no necesitan visa para ingresar a China, siempre que el viaje sea por un período inferior a 30 días.
¿Es difícil moverse por Beijing sin hablar chino? Beijing ha mejorado significativamente su señalización en inglés, especialmente en el metro y sitios turísticos principales. Sin embargo, fuera de hoteles internacionales y atracciones turísticas, muy poca gente habla inglés. Recomendamos apps de traducción (Google Translate funciona limitadamente; mejor usá Pleco o tené tu hotel escrito en chino), contratar guías, y desde Travel Wise organizamos todo tu itinerario con asistencia en español para que te sientas acompañado todo el tiempo.