Roma y Egipto, historia para volver distintos.


Cada lugar tiene una historia que contar


#volvésdistinto

La ilusión estaba encendida desde el momento cero de iniciado el viaje. Tal vez desde que comenzaba a armar mi valija, fantasías aparecían en mi mente como aquellas que recrearon las mejores películas. Imaginé sentirme una Cleopatra, tal vez una Jasmin en Aladdin o una auténtica Sophia Loren. No en vano se dice que se comienza a viajar, antes del viaje. 

Un recorrido por destinos ancestrales

La primera parada era un destino que ni en las mejores fotos que busqué en mi investigación previa recreaban. El Cairo huele a café turco, se ve como oro, se sabe misteriosa, se percibe faraónica y se escucha como música árabe. Luego del desayuno en el hotel Ramses Hilton, partimos 18 km al suroeste de El Cairo, hacia lo que tal vez, todos buscábamos en este destino: arenas, momias, leyendas y pirámides. A pesar de que son las atracciones más buscadas para admirar y hacer una foto aquí, el dato a destacar es que no se debe olvidar que se trata de construcciones funerarias que se edificaron bajo las órdenes de faraones de diferentes dinastías. 

El Cairo.

Caminando por aquí, lo que primero me inquietaba eran los enigmas que circulan alrededor de estos monumentos, ¿cómo se desplazaron los enormes bloques y cómo lograron la construcción en aquella época? Conocí las 3 joyas egipcias: Keops, Kefrén y Micerinos. Estos lugares misteriosos se estima que se comenzaron a construir en 2500 a.C, y en su origen los faraones que eran momificados eran introducidos aquí con sus alimentos y objetos más preciados para que los acompañe en el último viaje. 

La más conocida de todas, se abrió ante mi mirada sin creer lo que mis ojos contemplaban. Se construyó para el faraón Keops, es la más imponente, la más antigua de las 7 maravillas del mundo, tiene 140 metros de altura y con una base de 230 metros. Otra de las que pude conocer fue la segunda más grande de Egipto: Kefren. Actualmente es la que conserva una pequeña parte de su antiguo revestimiento de caliza blanca en la parte superior. La última de este trío es Micerinos, la menor de 66 metros de altura y con una base de 100 metros de lado. Otra de las maravillas que pude percibir fue la enigmática esfinge, con una altura de 20 metros y 70 metros de largo. Se dice que los antiguos egipcios la crearon con cabeza humana y cuerpo de león, porque reunía en una misma figura la inteligencia y la fuerza y forma parte del complejo funerario de Kefrén, como guardián protector de su tumba. 

Pirámides de Giza, El Cairo.

Atravesando historias por el Nilo 

Los días siguientes, abordé una “faluca” una tradicional embarcación egipcia. Y este trayecto por agua recorriendo el Río Nilo, fue una de las estrellas del viaje. Ya que como aficionada a la historia, atesoré la abundancia de arquitectura, ruinas y templos del antiguo Egipto. El nombre proviene del griego Neilos, y comenzando a viajar aquí podía imaginarme a las antiguas civilizaciones cultivando en las orillas o pescando en sus balsas de maderas. Sentía una poderosa dicha de poder estar presente en estos sitios que tanta historia vió pasar delante de sus ojos. 

Una de las primeras visitas fue al Mausoleo de Agha Khan. Un monumento que se caracteriza por la elegancia de su fachada realizada en granito rosa, construido por la esposa de este sultán. Cada paso a lo largo de este viaje me dejaba aún más sorprendida y maravillada. Llegar al próximo destino Kom–Ombo fue descubrir el increíble templo dedicado a los dioses Sobek y Hareoris. Este sitio se construyó en el siglo II a.C. Cuenta la leyenda que el Dios Sobek, tenía cabeza cocodrilo y cuerpo humano, dios de la fertilidad y creador del mundo y a Haroeris, dios halcón, señor de la luz y del cielo. Es un templo atípico por ser doble y simétrico respecto del eje principal. Muchas partes del templo fueron destruidas por acción del Nilo, terremotos e incluso usaron sus piedras para otras construcciones.

Templo de los dioses Sobek y Hareoris.

Otra de las maravillas que conocí durante este recorrido fue el nilómetro, un instrumento  de aproximadamente 2.40 metros de diámetro construido con grandes bloques de piedra caliza, que utilizaban en la antigüedad para medir el nivel de agua, y les servía para estimar cómo serían las cosechas en el año y fijar los impuestos y regir la economía. Cerré los ojos por un segundo y me imaginé cómo sería la vida aquí  durante esos años. Disfruté ampliamente esta experiencia que combinó hermosos destinos conocidos desde el agua y además, descansar en esta embarcación en los cómodos colchones sobre la cubierta, en los que podía tomar sol, ver el atardecer o leer un libro. 

Siempre es bueno volver a Roma

No en vano se dice que “todos los caminos conducen a Roma”. Es que en mi parte de este viaje, regresaba una vez más a la encandilante y movilizante capital de Italia. Y en esta oportunidad necesitaba visitar algo más allá del típico paseo a los monumentos o a esos “lugares que no me puedo perder”.

Conversando con gente del hotel Diana Roma donde me hospedaba, me aconsejaron que visitara el barrio de Coppedé y otro día me dejara perder por el Trastevere. Seguí al pie de la letra estos consejos de sangre italiana y sabía que no me podía defraudar. Me enteré aquí que Gino Coppedé, fue su creador y se compone de dieciocho palacios y veintisiete palacios pequeños y edificios dispuestos alrededor del núcleo central de la Piazza Mincio. Ingresar en este barrio, por la  Via Tagliamento, y está representada por un gran arco decorado. Me tomo al pie de la letra las recomendaciones, de que no vaya con prisa, que tome con tranquilidad este recorrido, tal como lo ideó el arquitecto. 

Barrio Coppedé, Roma.

Toda mi caminata, dediqué mi mirada hacia arriba. Es que cada fachada era un lujo, pudiendo ver construcciones bellísimas alzándose hasta el cielo. El edificio de la Araña, el de las Hadas, de los Embajadores, son los principales y que se llevan todas las miradas. Luego de comer algo a la tarde sintiéndome en una atmósfera calma, regresé a mi hotel para emprender el recorrido al día siguiente. 

Trastevere fue mi próxima parada. Llegué luego de desayunar, y no pude evitar saborear un fantástico gelatto para poner en marcha mi caminata. La vida aquí se concentra alrededor de la Piazza di Santa María in Trastevere. Recorrí aquí las pequeñas tiendas de artesanías y compré recuerdos típicos para llevar a quienes me esperaban al regreso. Con el caer de la tarde, me encontré con la hermosa Piazza San Calisto, que a su alrededor tiene una iglesia, tiendas y galerías de arte donde claramente entré a conocer el diseño joven. Para culminar este día maravilloso, lo hice cenando en el bar Calisto, escuchando a los músicos callejeros, mirando a los turistas, imaginándome historias y saboreando este viaje pensando siempre cual será el próximo destino. 

Trastévere, Roma.

Mirá la propuesta que tenemos para vos haciendo click acá.

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Mirá el templo de Hatshetsup.

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