Glacier Express: el tren más lento (y más hermoso) del mundo


Cada lugar tiene una historia que contar


#volvésdistinto

De Zermatt a Chur: 5 horas y media atravesando los Alpes suizos

Hay viajes que te cambian la forma de ver el mundo. Y después está el Glacier Express. Un tren que no sólo te lleva de un punto a otro, sino que te obliga —casi literalmente— a detenerte y admirar lo que la naturaleza puede hacer cuando trabaja sin apuro. Viaja a 36 kilómetros por hora en promedio. Un taxi en Buenos Aires en hora pico lo supera. Y sin embargo, cada minuto vale.

¿Cuándo fue la última vez que miraste por una ventana y pensaste que el tiempo se había detenido? Eso es exactamente lo que pasa en este trayecto. El Glacier Express Zermatt es conocido en todo el mundo como «el expreso más lento del mundo» —un apodo que los propios suizos reivindican con orgullo y una sonrisa cómplice. Y es que cuando el paisaje que atravesás incluye glaciares milenarios, valles de cuento, viaductos imposibles y aldeas que parecen sacadas de una postal, la velocidad deja de importar.

En este artículo te llevamos con nosotros por uno de los recorridos más extraordinarios del planeta: la ruta entre Zermatt y Chur, aproximadamente 5 horas y 30 minutos de travesía alpina que combina ingeniería ferroviaria de vanguardia, cultura suiza auténtica y una naturaleza que corta el aliento. Preparate, porque esto no es un simple viaje en tren.

El alma del tren más famoso de Suiza

Qué es el Glacier Express y por qué existe

El tren Glacier Express tiene más de 90 años de historia. Inaugurado en 1930, nació con una ambición clara: conectar dos de los destinos de montaña más exclusivos de Suiza, Zermatt y St. Moritz, sin que los viajeros tuvieran que abandonar los Alpes. Lo que comenzó como una solución logística se convirtió con los años en una experiencia en sí misma, reconocida por la UNESCO como parte del Patrimonio de la Humanidad a través del ferrocarril Rético —uno de los dos que opera este servicio.

glacier

La ruta completa cubre 291 kilómetros, atraviesa 91 túneles y cruza 291 puentes. Son números que en papel ya impresionan, pero que sobre el terreno resultan sencillamente alucinantes. El tren opera durante todo el año, aunque las temporadas más buscadas son el verano —cuando los prados alpinos explotan en verde y flores— y el invierno, cuando el paisaje se viste de blanco y el interior calefaccionado del tren se convierte en el refugio perfecto.

Lo que lo hace único no es sólo la ruta, sino el concepto. Las ventanas panorámicas del techo, el servicio de comidas a bordo, los comentarios en varios idiomas que te cuentan la historia de cada valle que atravesás. Es un tren diseñado para mirarse, no para ignorarse.

La magia de la lentitud: por qué viajar despacio importa

Vivimos en la era de los vuelos de dos horas y los trenes bala. La velocidad se convirtió en sinónimo de eficiencia y —por alguna razón— de calidad. El Glacier Express va exactamente en contra de esa lógica. Y en esa contrariedad reside su genialidad.

Cuando el tren sube hacia el paso de la Oberalp, a 2.033 metros sobre el nivel del mar —el punto más alto del recorrido de Zermatt a Chur—, lo hace con una calma que resulta casi meditativa. No hay prisa. Las montañas no se van a ningún lado. Y vos tampoco deberías querer hacerlo.

Esta filosofía de viaje tiene un nombre en suizo: «Entschleunigung», que podría traducirse como «desaceleración deliberada». Es la idea de que ralentizar no es una falla, sino una elección consciente. En un mundo que te pide que corras todo el tiempo, el Glacier Express Suiza te invita a sentarte, respirar y mirar. Y es precisamente por eso que millones de personas de todo el mundo lo eligen cada año.

Travel Wise y un recorrido único

Para aquellos viajeros que sueñan con experimentar la majestuosidad de este legendario trayecto ferroviario y combinarlo con una de las rutas más sofisticadas de Europa, Travel Wise ofrece su paquete exclusivo «Viajar a París y Suiza: Romance y Alpes en un solo viaje«. Esta propuesta premium, diseñada minuciosamente para el mes de septiembre —cuando el clima es ideal y la afluencia turística disminuye—, enlaza la elegancia urbana con la naturaleza más imponente del continente. El itinerario comienza con una estadía de cuatro noches en París, permitiendo descubrir la riqueza cultural de la «Ciudad de la Luz» , para luego volar hacia Zúrich y dar inicio a un circuito guiado de nueve noches con guías de habla hispana por el corazón de Suiza.

Además de incluir visitas estratégicas a ciudades emblemáticas como Berna y Ginebra, y experiencias memorables como la Casa del Chocolate Lindt o el mirador Gornergrat en Zermatt, el gran diferencial de este paquete es que contempla el billete en segunda clase para abordar el emblemático tren panorámico Glacier Express. Con los vuelos desde Buenos Aires, alojamientos con desayuno, traslados y la coordinación experta de Travel Wise, este viaje se transforma en la oportunidad perfecta para dejarse cautivar por el ritmo pausado del tren más hermoso del mundo, garantizando una vivencia de alta gama para que cada pasajero, fiel a la filosofía de la agencia, realmente vuelva distinto.

Zermatt: el punto de partida y el pueblo sin autos

Si el tren es extraordinario, su punto de partida no se queda atrás. Zermatt es uno de esos lugares que parece diseñado por alguien con demasiado buen gusto y cero limitaciones presupuestarias. El pueblo —ubicado a 1.608 metros sobre el nivel del mar— es completamente libre de automóviles. Llegás en un tren eléctrico desde Täsch, la última estación donde se permiten los vehículos convencionales, y desde ese momento todo cambia.

Zermatt

Las calles angostas de Zermatt están dominadas por carritos eléctricos, caballos de tiro y peatones. Hay chalets con más de 500 años de historia conviviendo con hoteles boutique de diseño contemporáneo. Y sobre todo eso, omnipresente, colosal, magnífico: el Matterhorn. El pico más fotografiado de los Alpes se eleva a 4.478 metros y desde Zermatt aparece en cada esquina, en cada perspectiva, en cada taza de café que tomás mirando por la ventana.

Recomendamos llegar a Zermatt al menos con una noche de anticipación antes de tomar el tren. No sólo para descansar, sino para absorber esa energía particular del pueblo: tranquila pero vibrante, alpina pero cosmopolita. Zermatt recibe visitantes de más de 80 países al año, y sin embargo logra mantener una identidad auténtica que no se deja corroer por el turismo masivo.

Los primeros tramos: de Zermatt a Brig y el valle del Ródano

El tren sale de Zermatt con discreción. No hay fanfarria. Un silbido, un suave movimiento y de repente el Matterhorn empieza a alejarse por la ventana trasera mientras el valle del Visp se abre ante vos. En estos primeros kilómetros, el tren panorámico suizo desciende desde la altura de Zermatt hacia el fondo del valle, cruzando la localidad de Visp antes de llegar a Brig, una de las paradas más importantes del recorrido.

Brig es una ciudad pequeña pero con una historia enorme. Fue el centro de poder de Kaspar Jodok von Stockalper, el hombre más rico de Suiza en el siglo XVII, y su palacio barroco —el Palacio Stockalper— todavía domina el centro histórico con sus tres torres doradas. Desde Brig, el tren gira hacia el este y comienza su ascenso por el valle del Ródano, el río más largo de Suiza, que nace precisamente en los glaciares que vamos a atravesar.

El valle del Ródano en este sector es ancho, fértil, soleado. Los viñedos del Valais —que producen algunos de los vinos más interesantes de Suiza— se extienden en terrazas sobre las laderas. Las vacas pastorean con esa placidez particular que parece exclusiva del campo suizo. Y el tren avanza, paciente y constante, hacia las alturas.

El ascenso hacia la Oberalp: glaciares, nieve y el techo de los Alpes

Después de Andermatt, el paisaje cambia de manera dramática. Dejamos atrás los valles verdes y empezamos a ascender hacia el Paso de la Oberalp, que en invierno está cubierto de nieve durante varios meses. En verano, los prados alpinos florecen con una intensidad de colores que parece inverosímil: amarillos, violetas, blancos, rojos. Es como si la montaña hubiera decidido compensar todos esos meses de blanco con un festival de color durante el buen tiempo.

A 2.033 metros, el Paso de la Oberalp es el punto más alto del tramo Zermatt-Chur del Glacier Express. El lago Oberalpsee, de un azul eléctrico imposible, aparece junto a las vías como una joya incrustada en la roca. Aquí el tren va más despacio que en cualquier otro punto del recorrido —si eso es posible— y los pasajeros instintivamente dejan de hablar. Hay algo en esa altura, en ese silencio, en esa inmensidad, que invita al recogimiento.

Después del paso, el descenso hacia el canton de Graubünden comienza. Y es aquí donde el Glacier Express revela su carta más espectacular.

Hasta acá vimos el espíritu del Glacier Express, el encanto de Zermatt y el ascenso hacia las alturas del Paso de la Oberalp. Pero la segunda mitad del recorrido hasta Chur es donde el tren saca su artillería más pesada: el viaducto de Landwasser, el corazón de Graubünden y la majestuosa llegada a la capital del cantón más grande de Suiza. Seguimos viaje.

El descenso hacia Chur y los secretos del cantón de los Grisones

El viaducto de Landwasser: la postal más icónica del tren

Si tuviéramos que elegir un solo momento del viaje en tren por los Alpes suizos para guardar en la memoria, elegiríamos este: el cruce del Viaducto de Landwasser. Construido entre 1901 y 1902, este viaducto de piedra caliza tiene seis arcos y se eleva 65 metros sobre el río Landwasser. Lo que lo hace absolutamente único es que no termina en tierra firme, sino que desemboca directamente en un túnel excavado en la roca viva. El tren entra en el viaducto, cruza el abismo, y desaparece en la montaña. Es una de las imágenes más reproducidas de toda Suiza.

El viaducto forma parte del tramo del ferrocarril Rético que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008. No es casualidad: la ingeniería que requirió construir esta línea a principios del siglo XX, sin las herramientas modernas de hoy, fue una hazaña monumental. Cada puente, cada túnel, cada curva de esta vía es un testamento a la capacidad humana de doblar —sin romper— la geografía más difícil de Europa.

Un consejo práctico: sentate del lado derecho del tren si viajás en el sentido Zermatt-Chur para tener la mejor vista del viaducto. Muchos viajeros no lo saben de antemano y se pierden la perspectiva más espectacular.

Graubünden: el cantón de las tres lenguas y los paisajes sin igual

Después del viaducto, el tren se adentra en el corazón de Graubünden, conocido en italiano como Grigioni y en romanche como Grischun. Es el cantón más grande de Suiza y, posiblemente, el menos conocido entre los viajeros argentinos. Lo cual es, en sí mismo, una forma de privilegio: podés disfrutarlo sin multitudes.

Graubünden tiene tres idiomas oficiales: alemán, italiano y romanche. El romanche es una lengua romance derivada del latín vulgar, hablada por unas 60.000 personas, que sobrevivió durante siglos en estos valles aislados. Cuando escuchás los anuncios del tren en los cuatro idiomas —alemán, inglés, francés y romanche— algo en vos se detiene. Estás atravesando un territorio donde el tiempo avanza de otra manera.

Graubunden

El paisaje de Graubünden en este tramo es diferente al del Valais. Los valles son más estrechos, la vegetación más densa en algunos sectores, y los pueblos tienen esa arquitectura característica de las casas engadinas: paredes blancas gruesas, ventanas pequeñas decoradas con sgraffiti, huertas bien ordenadas. Son comunidades que llevan siglos desarrollando una relación íntima con su entorno.

Pueblos que hay que conocer: Ilanz, Disentis y Reichenau

El tramo entre el Paso de la Oberalp y Chur ofrece varias paradas que merecen atención. Disentis/Mustér es la primera gran parada después del paso y alberga un monasterio benedictino con más de 1.300 años de historia. La abadía de Disentis es uno de los más antiguos de la región alpina y domina el paisaje del valle con su masa arquitectónica blanca y sus torres gemelas. Si tenés tiempo, merece una parada de un día.

Más adelante, Ilanz —o Glion, en romanche— se presenta como la «primera ciudad del Rin». Sí, el río Rin nace en estas montañas y en Ilanz ya tiene el carácter suficiente como para recibir ese título. El casco histórico de Ilanz conserva una atmósfera medieval bien preservada, con una plaza central que en verano se llena de mercados locales y terrazas animadas.

La última parada significativa antes de Chur es Reichenau-Tamins, donde el Rin Anterior y el Rin Posterior se unen para formar el río Rin propiamente dicho. Es un momento geográfico cargado de simbolismo: el punto exacto donde nace uno de los ríos más importantes de Europa. Desde las ventanas del tren, la confluencia se ve con claridad en los días despejados.

La llegada a Chur: la ciudad más antigua de Suiza

Después de 5 horas y media de viaje, el tren entra suavemente en Chur. Y la llegada tiene la calidad de un desenlace bien construido: después de tanta grandeza alpina, la capital de Graubünden aparece como un respiro civilizado. Chur es la ciudad habitada más antigua de Suiza, con evidencias de asentamiento humano que se remontan a más de 5.000 años.

El casco histórico de Chur —completamente peatonal— es un laberinto de callecitas adoquinadas, plazas íntimas y edificios de colores que se acumulan sobre la colina que corona la ciudad. La catedral de Chur, de estilo románico y gótico, domina el skyline histórico. Las tabernas de la calle principal —la Reichsgasse— sirven Bündnerfleisch, la carne seca curada de Graubünden, con vino local y pan de centeno. La combinación es perfecta.

chur

Chur tiene también una vida cultural vibrante para una ciudad de apenas 40.000 habitantes. El Kunstmuseum Graubünden es uno de los mejores museos de arte del país. Y el ambiente general del centro histórico, especialmente en las noches de verano cuando los locales llenan las terrazas, tiene esa calidez que uno no espera de Suiza y que siempre termina sorprendiendo.

Tips prácticos para viajeros: todo lo que necesitás saber antes de subir

Viajar en el Glacier Express requiere algo de planificación previa. Acá van los datos más importantes:

Reserva anticipada: Las plazas son limitadas y el tren tiene asientos numerados con reserva obligatoria. En temporada alta (julio, agosto y las dos semanas de Navidad/Año Nuevo) se agota con semanas de anticipación. Por eso nos encargamos de las reservas!

Swiss Travel Pass: El Swiss Travel Pass cubre el pasaje del Glacier Express (la reserva tiene un suplemento de entre 13 y 49 CHF según la clase y la temporada). Es conveniente si vas a usar el transporte público suizo durante más de tres días.

Qué llevar a bordo: El tren tiene vagón restaurante con comidas a bordo (incluidas en ciertos pases premium), pero para viajar con más libertad podés llevar tu propio snack. Eso sí: siempre con algo para tomar, porque el aire de altura deseca. Y cargá bien la batería de tu cámara o teléfono. Vas a necesitar cada giga de espacio disponible.

La mejor época: Julio y agosto ofrecen los paisajes más exuberantes y el clima más estable. Diciembre y enero tienen la magia del paisaje nevado. La temporada baja (noviembre, principios de diciembre y mediados de enero a mediados de febrero) ofrece menos turistas y precios más accesibles, aunque algunos tramos pueden tener condiciones climáticas más exigentes.

El viaje que te cambia la forma de viajar

Hay experiencias de viaje que uno hace «porque hay que hacerlas». Y hay otras que uno hace porque siente —a veces sin poder explicarlo del todo— que las necesita. El Glacier Express de Zermatt a Chur pertenece a esa segunda categoría. No es un viaje que hacés para tachar un ítem en una lista. Es un viaje que hacés para recordarte por qué vale la pena salir de casa.

En esas 5 horas y media entre la sombra del Matterhorn y las calles romanas de Chur, pasan cosas que son difíciles de poner en palabras. Entendés la escala real de los Alpes. Comprendés por qué los suizos tienen esa relación tan profunda con su territorio. Y, paradójicamente, llegás al destino sintiendo que lo más valioso del viaje no fue llegar, sino el camino recorrido.

En Travel Wise acompañamos a viajeros argentinos en este recorrido desde hace años, y podemos decirte con certeza: nadie baja del tren sintiéndose igual que cuando subió. Si estás pensando en hacer este viaje, no lo postergues más. Los paisajes del Glacier Express no se agotan, pero las oportunidades de vivirlos sí pueden escasear. Escribinos y diseñamos juntos tu itinerario suizo ideal.

Preguntas frecuentes sobre el Glacier Express

  1. ¿Es necesario reservar el asiento con anticipación en el Glacier Express?

Sí, la reserva de asiento es obligatoria y tiene un costo adicional. En temporada alta (verano y Navidad), es imprescindible reservar con al menos dos meses de anticipación. El tren tiene cupos limitados y se agota rápidamente en los meses pico. En Travel nos ocupamos de esos detalles y muchos más

  • ¿Qué diferencia hay entre la primera clase y el Excellence Class?

La primera clase ofrece asientos más amplios y mejores vistas panorámicas. El Excellence Class es el nivel premium: incluye gastronomía de autor, servicio personalizado y zonas de observación exclusivas. Cuesta notablemente más, pero brinda una experiencia verdaderamente única.

  • ¿Cuál es la mejor época para hacer el recorrido de Zermatt a Chur?

Julio y agosto son los meses con clima más estable y paisajes más verdes. Diciembre y enero ofrecen la experiencia invernal con nieve. Para menor concurrencia y precios más bajos, considerá los meses de temporada baja entre noviembre y principios de diciembre.

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