Cerrá los ojos un segundo. Un mar turquesa que cambia de color con cada nube, montañas que caen directo al agua y una cala a la que solo se llega caminando por un cañón. No es Grecia ni la Costa Amalfitana. Es la riviera albanesa, y hace rato que dejó de ser un secreto.
Durante años, las playas de Albania quedaron fuera del radar de los viajeros argentinos. Hoy son una de las grandes revelaciones del Mediterráneo: aguas cristalinas, pueblos de piedra y una calidez local que se siente desde el primer café. Y lo mejor es que todavía conserva algo del encanto de lo auténtico.
En esta primera parte te llevamos por Ksamil, Gjipe, Dhërmi y Himarë, y te sugerimos hoteles de 4 y 5 estrellas para que descanses a lo grande después de cada día de playa. ¿Armamos la ruta?
La riviera albanesa es la franja costera que se extiende sobre el mar Jónico, desde Vlorë, al norte, hasta Ksamil y Sarandë, al sur. Son más de cien kilómetros de curvas, acantilados y bahías donde las montañas Ceraunias se hunden en el agua.
Imaginá la Costa Atlántica, pero con sierras que llegan hasta la orilla. Ese contraste es su sello. Al sur dominan las playas de arena clara y los islotes. Hacia el centro, el paisaje se vuelve más salvaje: calas de guijarros finos, cuevas marinas y aguas de una transparencia que parece retocada.
La mejor ventana para disfrutarla va de junio a septiembre, con mar templado y días largos. Julio y agosto traen más movimiento y fiestas en la costa; junio y septiembre ofrecen el equilibrio ideal entre buen clima y tranquilidad. Un dato práctico: moverte en auto te da libertad total para saltar de playa en playa, pero también podés organizar traslados privados o excursiones en barco.
Si hay una playa que condensa la fama de la riviera, es Ksamil. Lo apodan «las Maldivas de Europa», y alcanza con ver sus aguas para entender por qué. Frente a la costa, tres pequeños islotes están tan cerca que podés llegar nadando o en kayak.
La escena es de postal: arena clara, reposeras de madera, sombrillas y beach clubs con música suave. Por la tarde, el atardecer pinta el horizonte de naranja y la laguna de Butrint se tiñe de dorado. Hablando de Butrint, a pocos kilómetros queda esta ciudad antigua, Patrimonio de la Humanidad, con teatro romano y murallas entre bosques. Un combo perfecto: mañana de historia, tarde de mar.

¿Dónde dormir? Para un lujo de verdad, Kep Merli Resort, de 5 estrellas, se levanta sobre una península privada entre Sarandë y Ksamil. Es solo para adultos, con piscina infinita de 90 metros, playa privada y vistas hacia Corfú. Si preferís algo más cercano a la arena y a la vida del pueblo, Colosseum Hotel, de 4 estrellas e inaugurado en 2023, y Hotel Luxury, también de 4 estrellas y a pocos pasos de Paradise Beach, son apuestas muy sólidas.
Un tip nuestro: llegá temprano. Entre las 11 y las 16 hs, las mejores reposeras vuelan.
Acá cambia el juego. Gjipe (muchos la buscan como «Gripe», pero se escribe con j) no tiene hoteles, ni calles, ni cartelería. Tiene algo mucho mejor: una cala de unos cien metros, de arena y guijarros blancos, encajada en la boca de un cañón con paredes que se elevan por encima del mar.
No se llega en auto hasta la orilla. Dejás el vehículo en el estacionamiento y caminás unos 2,5 kilómetros, aproximadamente 45 minutos, bajando por un sendero entre arbustos mediterráneos. También podés llegar en barco desde Himarë, un trayecto de 20 a 30 minutos que te muestra el cañón desde el agua. Nuestra recomendación: llegá en barco y volvé a pie, o al revés. Así vivís las dos caras del lugar.

Una vez abajo, el premio es nadar en un agua casi irreal y explorar las cuevas cercanas, como la Cueva de los Piratas. En verano, algunos puestos venden bebidas y comida sencilla, pero la infraestructura es mínima. Llevá agua, snack, calzado cómodo y todo lo que necesites para el día.
¿Dónde alojarte? Gjipe queda entre Dhërmi y Himarë, así que lo ideal es hospedarte en cualquiera de las dos y escaparte por el día. Es esa excursión que después contás mil veces.
Si Ksamil es ordenada y pensada para el descanso, Dhërmi es su costado más bohemio. Casitas de piedra blanca trepan por la ladera, el pueblo antiguo se asoma entre olivos y la playa, bañada por agua cristalina, se extiende al pie de colinas verdes. Es ideal para snorkel y para quedarte horas mirando el horizonte.
A pocos minutos, Drymades suma reposeras de madera y beach clubs con mariscos frescos y tragos. Un poco más allá aparece Palasë, famosa porque sobre ella planean parapentistas que descienden desde el Paso de Llogara. En verano, el pueblo se anima con música, DJ y, según el año, festivales al aire libre que convierten la costa en una gran fiesta bajo la luna.
Para alojarte, hay dos opciones de primer nivel. Elysium Hotel, de 5 estrellas, está sobre el mar, a pasitos de la playa y con piscina infinita, spa y fácil acceso a Gjipe. Muy cerca, Empire Beach Resort, también de 5 estrellas y solo para adultos, está rodeado de verde y a orillas de la playa. Ambos son ideales si querés combinar relax con aventura.
Un consejo: subí al Paso de Llogara al atardecer. Las vistas panorámicas del Jónico se quedan en la memoria.

Himarë tiene otro ritmo. Es más tranquila, más auténtica y muy agradable para caminar sin apuro. Su casco antiguo, con callecitas empedradas y un castillo con siglos de historia, mira al mar desde lo alto. Abajo, la costanera reúne tabernas donde probar pescado fresco con vino local.
Lo mejor son sus alrededores. Livadhi es una playa larga y ordenada, Potami ofrece rincones más serenos y las calas de Grama y Aquarium tienen aguas tan transparentes que parecen una pecera gigante. Para llegar a las más escondidas, lo mejor es contratar un paseo en barco o alquilar un kayak.

En cuanto a hoteles, Prado Luxury Hotel, de 5 estrellas, se destaca en Livadhi con acceso a una zona de playa privada, piscina con vista al mar, spa de inspiración balinesa y restaurante con sushi bar en la terraza. Es el broche de oro para quienes buscan sofisticación frente al Jónico.
Si tenés que elegir una sola base para recorrer toda la riviera, Himarë es una gran candidata: queda en el centro de la costa y te deja a un paso de Gjipe y de Dhërmi.
Albania es perfecta para combinar con otros destinos, y por eso diseñamos una travesía que une la Grecia clásica, la autenticidad albanesa y la elegancia adriática de Croacia. El recorrido por Albania incluye Tirana, Berat, la «Ciudad de las Mil Ventanas», Gjirokastra, el manantial turquesa de Blue Eye, el Parque Nacional de Butrint y Vlorë, la puerta de entrada de la riviera. Después seguís a Zagreb, Split y Dubrovnik.
En Travel Wise la armamos con vuelos internacionales, traslados, guías en español, excursiones y alojamientos seleccionados, desde USD 6.580. La salida prevista es en marzo de 2027, una época ideal para el patrimonio y los paisajes. Si lo tuyo es la playa en pleno verano, consultanos por otras fechas y la ajustamos. Mirá todos los detalles acá: Viajar a Grecia, Albania y Croacia: una travesía inolvidable.
Hasta acá recorrimos la esencia de la riviera albanesa: las islitas de Ksamil, el cañón secreto de Gjipe, el espíritu bohemio de Dhërmi y el encanto sereno de Himarë, con hoteles de 4 y 5 estrellas para cada estilo de viaje.
Pero todavía falta lo que hace que un viaje sea realmente tuyo. En la segunda parte te contamos cuál es la mejor época para ir, cómo moverte entre playas, qué probar en la mesa albanesa y los tips que solo conocen quienes ya estuvieron ahí. También respondemos las dudas más frecuentes.
Elegir bien la fecha cambia por completo la experiencia. La temporada de playa va de junio a septiembre, cuando el Jónico se vuelve templado y los días se estiran hasta pasadas las nueve de la noche.
Julio y agosto son el pico. Hay más ambiente, beach clubs a pleno y fiestas hasta la madrugada, sobre todo en Dhërmi y Jalë. Si buscás energía y movida, es tu momento. Eso sí, conviene reservar hoteles y reposeras con anticipación y salir temprano a las playas más buscadas.
Junio y septiembre son nuestros favoritos. El agua ya está agradable, la luz es dorada y hay menos gente. Gjipe, por ejemplo, se disfruta mucho más sin multitudes. ¿Te imaginás llegar a esa cala y encontrarla casi para vos? En septiembre además el mar guarda el calor del verano, como una pileta que sigue tibia después de varios días de sol.
Mayo y octubre tienen su encanto para quien prefiere recorrer pueblos, castillos y sitios históricos sin tanta gente, pero el baño en el mar se vuelve más fresco. Un dato curioso: muchos viajeros combinan mar y cultura en una sola escapada, algo muy fácil en Albania porque las ciudades patrimoniales están a pocas horas de la costa.
La riviera es larga y sinuosa, y cada tramo tiene su propio paisaje. Por eso la logística importa.
El auto de alquiler es la opción más popular. Te da libertad para frenar en cada mirador y descubrir calas que no figuran en ninguna guía. La ruta que cruza el Paso de Llogara regala curvas con vistas espectaculares, pero pide manejo tranquilo y atención en los tramos de montaña. Si no te sentís cómodo al volante, los traslados privados o los tours organizados resuelven todo sin estrés.
El barco es el gran aliado de la zona. Desde Himarë salen paseos que te llevan a Gjipe, a Grama y a otras calas aisladas. Llegar por mar es una experiencia en sí misma: ves los acantilados desde abajo y descubrís bahías invisibles desde la ruta.
Otra alternativa muy elegante es entrar por el sur. Desde la isla griega de Corfú hay ferris y hidroalas que cruzan hasta Sarandë en menos de una hora, y desde allí Ksamil queda a un paso. Ideal si ya estás recorriendo Grecia.
Un tip: en los pueblos, caminá. Dhërmi y Himarë son compactos, y las mejores sorpresas aparecen al doblar una esquina.
La mesa albanesa es una de las sorpresas más lindas del viaje. Mezcla influencias mediterráneas, otomanas y balcánicas, siempre con productos frescos y porciones generosas.
En la costa, el pescado y los mariscos son protagonistas: pulpo a la parrilla, calamares, mejillones y pescado entero con limón y aceite de oliva. Se piden al estilo de una buena parrilla argentina, compartidos al centro, con una ensalada de tomates que saben a tomate de verdad.
Probá también el byrek, ese hojaldre relleno de queso o espinaca que se come a cualquier hora, y la tavë kosi, un plato de cordero al horno con yogur, muy reconfortante. Para el postre, nada mejor que el yogur con miel local o frutas de estación. Y si te animás, un trago de raki, el aguardiente tradicional, funciona como brindis de bienvenida en muchos hogares.
Un consejo que siempre damos: comé en las tabernas familiares, esas con tres mesas y el dueño que te recomienda el plato del día. Ahí está la verdadera Albania, con una hospitalidad que te hace sentir en casa desde el primer minuto.
No todas las playas de la riviera son para todos. Esta pequeña guía te ayuda a decidir:
Si te cuesta decidir, combiná. Dos bases de tres noches cada una, por ejemplo Dhërmi y Ksamil, te muestran dos caras opuestas de la costa sin hacer maletas todos los días.
Después de acompañar a muchos viajeros, juntamos consejos que hacen la diferencia:
¿Cómo llegar a Gjipe desde Himarë?
En barco, unos 20 a 30 minutos, o en auto hasta el estacionamiento y luego caminando unos 45 minutos.
¿Cuántos días hacen falta para recorrer la riviera albanesa?
Con 5 a 7 días recorrés Dhërmi, Gjipe, Himarë y Ksamil sin apuro.
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