Desde Andalucía hasta Palma de Mallorca: se hace camino al andar


Cada lugar tiene una historia que contar


#volvésdistinto

Un aroma a azahares parece inundar el aire. Una guitarra flamenca endulza los oídos de los que andan al pasar. Crujen los sonidos del tablao entre los ajetreos nocturnos de los bares de tapas. Estamos en Andalucía, tierra alegre y festiva, salpicada por el sol y las notas mágicas del buen flamenco.

Del sinfín de maravillas andaluzas dan cuenta tanto sus monumentos como sus paisajes y su historia. En los paisajes que inspiraron el Quijote de la Mancha, en los versos de Antonio Machado y en el camino que no existe, que se va haciendo a nuestro andar.

Sevilla

Sevilla: belleza, alegría y sentimiento
El tiempo se detiene en Sevilla, mientras las imponentes vistas que nos regala la ciudad se combinan con sus tesoros arquitectónicos. La Catedral es realmente espectacular, es el templo gótico cristiano con mayor superficie del mundo, realizado sobre el solar que quedó tras la demolición de la antigua Mezquita Aljama de Sevilla, de la cual se Conservan el alminar (la Giralda) y el Patio de los Naranjos. De aquí, nos llevamos grabadas como postales las imágenes del Típico Barrio de Santa Cruz – conocido como el epicentro de la judería sevillana e inspirador de óperas como Don Giovanni, Carmen o El Barbero de Sevilla -, el Parque de María Luisa y Plaza de España. Todo en Sevilla rebasa la hermosura. Cada rincón se tiñe de un dorado que es casi imposible describir. Todo en Sevilla es ver para creer.

 

Córdoba.

“Granada, tierra soñada por mí, mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti…”
Con el vibrar de las castañuelas y el bullicio de las bulerías, nos perdemos en el corazón de Andalucía. Un camino infinito de olivos hace los honores en el paso hacia Granada. Nos recibe su monumental entorno, último baluarte del Reino Nazarí de Granada hasta 1492. Allí, nos apremia su hermosura y sin perder un segundo, vamos hacia la joya más exquisita: La Alhambra. Exhibe un paisaje intrigante, mezclando en sus palacios y jardines una fortaleza
musulmana en la cumbre del arte andalusí.

¡Qué país es éste para el viajero, donde la más mísera posada está tan llena de aventuras como
un castillo encantado y cada comida es en sí un logro!
Washington Irving, Cuentos de La Alhambra.

Cuando cae la noche, esa noche vivaz que le da personalidad a esta región de la Península Ibérica, no hay nada mejor que estar en Granada. La gastronomía sintetiza el carácter andaluz a la perfección. Sus platos son un regocijo para todos los sentidos y no hay tapeo como el de Granada: un poco de cazón en adobo, unas gambas al ajillo, una magra con tomate, unas berenjenas fritas, un poco de paella y un vasito de caña para que los sabores se asienten.

 

Valencia

Valencia: de paseos y paella
El aire salado del Mar Balear se siente tan distinto al de aquellas tierras sevillanas cruzadas por el Guadalquivir. Por ser una de las principales ciudades de la costa mediterránea, mucho se oye sobre sus visitas obligadas: el Hemisfèric, el Umbracle, el Museo de las Ciencias, el Oceanogràfic, el Palau de les Arts y el Ágora, hitos de una urbe ideal para hacer una ruta de terrazas, vistas, cervezas y tapeos.

En Valencia el clima siempre acompaña, con un solcito cálido que da ganas de caminar por la arena a lo largo de la playa. El Cabanyal (Las Arenas), a pocos minutos del centro, es una de las zonas de ocio por excelencia, en donde andar en bicicleta, caminar y comer algo en los barcitos de la zona, es parada obligatoria. Al norte se encuentra La Malvarrosa con sus finas arenas y brisas renovadoras.

Nadie se va de Valencia sin probar la típica paella. En estas tierras nació este singular plato que se disfruta en todo el mundo y que los valencianos bien saben coronar con los sabores únicos de su mar. Por qué no también degustar una buena horchata, una bebida clásica, elaborada con agua, azúcar y chufas. Suele ser acompañada por fartons, un dulce típico que se moja en la horchata. Los conocedores dicen que es para amarla u odiarla. Habrá que probar para saber.
Es una ciudad que tiene para todos los gustos: para los sibaritas que disfrutarán de una cena junto al mar, como para los que quieran relajarse con una buena copa en un palacete del siglo XVI, y también para aquellos que quieran ir de compras o disfrutar de actividades culturales independientes. Valencia es toda alegre, toda musical, siempre infinita, siempre vivaz.

Barcelona

Barcelona, la imprescindible
Los paseos por las ramblas, la espectacular arquitectura, la buena comida y el extenso bagaje cultural son algunas de las cosas que nos llevan de Valencia a Barcelona. En algo se parecen, y es en que ambas son deslumbrantes, históricas, paradas obligadas de todo buen viajero que se precie de tal.
Barcelona, la estrella que ilumina el Mediterráneo, el símbolo del modernismo catalán en la obra inconclusa de Gaudí. Nos adentramos para descubrir Casa Milá, La Pedrera y Casa Batlló, declarados edificios Patrimonio de la Humanidad. El Parque de Montjuic aparece con sus vistas espectaculares tanto de la ciudad como del puerto. El Anillo Olímpico, el monumento a Colón y el Puerto Olímpico se unen a nuestro recorrido. Sobran los adjetivos y parecen faltar los días para disfrutarla toda.

 

Palma de Mallorca, más profunda que el mar
Embellecida por las costas del Mediterráneo, Palma de Mallorca es el sueño de aquellos que adoran las caminatas por el mar y las imponentes vistas desde los acantilados. Pero hay mucho más para quienes se animan a descubrir sus detalles. Desde las flores de almendro que en primavera se desploman casi como un poema, hasta la inspiración de sus paisajes de fincas y sellos culturales que sirvieron de musa al gran Joan Miró.

Es que Palma finalmente es mucho más que sus deslumbrantes playas y su clima isleño del que es imposible despegarse. Es arte y cultura, es paisajes en sus cuatro estaciones, es la vida de su noche y la incandescencia de sus días.
Nos despedimos desde la costa, deseando volver a sumergirnos en este rincón de España, allí donde todo se luce como una obra surrealista, como el gusto saleroso de un gazpacho andaluz, como una descripción detallada de un paisaje en las páginas del Quijote. Allí cobran verdadero sentido las palabras de Miró: “Nunca sueño cuando duermo, sino cuando estoy despierto”.

Mira la propuesta que tenemos para vos acá

 

Galería

Mirá la espléndida Sevilla.

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