Pompeya, la historia de todo


Cada lugar tiene una historia que contar


#volvésdistinto

El recorrido hacia Pompeya era inspiración suficiente. Atrás quedaba un abundante camino por los puntos épicos península itálica y por delante me esperaba el sitio que es el secreto de toda una civilización. Visitadas y fotografiadas hasta el hartazgo, pero siempre con algo nuevo por descubrir – dependiendo de los ojos que las miren- aguardan las históricas ruinas.

Es en verdad uno de los sitios arqueológicos más impactantes del mundo. Quedó enterrada para siempre bajo la erupción del volcán Vesubio, y con ella, cientos de tesoros e historias de vida que nunca se conocerán. Como un museo a cielo abierto donde se detiene el tiempo, Pompeya me llena de sensaciones que casi no puedo poner en palabras.

El recorrido por las ruinas es largo (son extensas y un paseo minucioso puede tomar un día entero), por lo que antes de adentrarme en esta espesa porción de historia, decido comer algo al pasar. Una buena porción de pizza margarita siempre es bienvenida, acaso el baluarte más famoso de la cocina napolitana. De postre o para la tarde, imposible resistirse a una sfogliatella de masa de hojaldre, rellena con crema dulce.

Pompeya

Pompeya es como un libro abierto que, entre la historia y la tragedia, cuenta hasta el más mínimo detalle de la vida de sus habitantes. El Foro – clásico de toda ciudad romana -, la basílica, los templos y hasta las casitas con sus propios habitantes configuran el paisaje más particular que haya visto.

Todo aquí me hizo reflexionar sobre cómo se cuenta una historia de manera implícita, sin decir nada en realidad. Sobre cómo estos testimonios reconstruyen un momento y dan cuenta de la vida de Italia (y por qué no, de toda Europa) inmortalizándola en una pequeña porción de Campania y a pocos kilómetros de Nápoles.

Ciao, bella

Siempre pensamos a Italia como “la cuna de la civilización” sin saber qué significa eso en realidad. Supongo que Italia es la cuna de muchas cosas: del arte, de la buena comida, de las risotadas en una vereda angosta, de las casitas que se apilan mirando al mar.

Italia es lo más cerca que podemos estar de casa cuando estamos lejos. Y no hay nada más parecido al calor del hogar que un plato de pastas en una trattoria donde el orégano inunda el aire. Me voy de Italia, aunque imagino que nunca me voy en realidad. Desde ahora, estará conmigo para siempre.

Mirá la propuesta que tenemos para La Costa Amalfina y Sicilia acá

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Mirá las ruinas desde el aire.

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