Dubai + Turquía


Cada lugar tiene una historia que contar


#volvésdistinto

Maravillarse con los sentidos
Llegar a este punto en el mundo es una experiencia del más allá. Tenía la certeza de que iba a encontrarme no con un viaje típico de recorridos históricos por museos, sino con un constante presente. Incluso en el imaginario colectivo pensamos en encontrarnos con túnicas, desiertos y camellos, pero todo lo que sucedió en estas latitudes maravillaron mis sentidos por completo.

Mil y una noches por Dubai y Estambul
Es que llegar a Dubai es mirar siempre hacia arriba, todo es espectacularidad, todo es colosal, todo es inmenso. Caminar por las calles principales, me permite mezclarme con fusiones genéticas y culturales exóticas, propias de un punto en un mundo globalizado. Comienzo mi jornada transitando la zona de Jumierah, el barrio residencial que en árabe significa “precioso” un calificativo que le hace justicia a su nombre. Allí me cruzo con lugareños que transitan en sus Lamborghinis, visten ropa de grandes marcas y joyas opulentas. Pero, alejándome de los lujos, me atrevo a probar las exquisiteces de perfumes hechos a mano y los tradicionales burkas que visten las mujeres en esta zona. Cuando cae la tarde camino por la arena de esta lujosa playa, para contemplar esta unicidad entre los hoteles de 7 estrellas en el mundo: Burj Al Arab. Hacia la noche me recomiendan probar la experiencia del complejo Madinat Jumierah. Un lugar que recrea la tradicional cultura árabe y se conecta mediante espejos de agua. Estando allí, me deleito con Mezze, un surtido de pequeños platos que se sirven como entrantes. Finalizo mi día en un descanso contemplado en el lujo y el confort del hotel Donatello, que representa a la perfección la magnificencia de esta ciudad.

Madinat Jumirah, Dubai.

Mi próximo destino llevaba alfombras mágicos, té turco y especias al por mayor. Estaba especialmente intrigada por lo que iba a encontrarme al llegar a Estambul. Y mis expectativas fueron altamente superadas por la realidad. Es que durante los días allí, me sentí como la Scheherezade del cuento. Los sabores del Gran Bazar, me despertaron los sentidos: el té rojo, los jugos de frutas (granada, cereza, uva) y las delicias turcas que se venden en puestos callejeros. Llevaba en mi cuaderno anotado, la premisa de que “debía regatear” como premisa primera todo aquello que quería comprar, pero es que me perdí entre los colores y riquezas artesanales de los pasillos de este ciudad dentro de la ciudad, construida entre 1455 y 1730 con 61 calles y más de 3600 comercios en su interior.
Luego de la tradicional caminata por este sector de la ciudad, quería conocer el clima más nuevo y vibrante. Así que, según me comentaron en un puesto me dirigí hasta el barrio de Cihangir, un sitio lleno de cafés, librerías, galerías de arte y tiendas vintage. Y para relajar aún más mi día aquí, bajé hacia las calles de Tophane y me relajé en un suspiro en los verdes espacios a la orilla del Bósforo.

Puesto de Té, Grand Bazar, Estambul

Caminar entre ruinas y algodones
Una de las grandes intrigas que tenía en mi mente para develar era el parque natural Pamukkale cuyo nombre significa “castillo de algodón”, en mi mente tenía dibujada una postal de enormes montañas blancas y fantasiosas. Al llegar al lugar, superó ampliamente mis expectativas. Primero debí dejar mis zapatillas o guardarlos en una mochila porque las cascadas de agua bañaban todo el espacio. El carbonato de calcio que se reposa al principio es como un gel suave, con el tiempo se endurece y se forman los travertinos. A pesar de esto, con tantos visitantes caminando sobre las terrazas este sitio milenario se causa la desintegración de este material.
Luego de recorrer y sacar una gran cantidad de fotos para guardar por siempre, me desplacé a un sitio histórico muy cercano: la ciudad Helenística de Hierápolis. Se construyó alrededor del año 180 a.C. y recibía a todos los visitantes atraídos por las leyendas terapéuticas de estas aguas, donde hay estanques con columnas, capiteles y restos arqueológicos con agua que emana de subsuelo volcánico de la zona. Hice una pausa en tanta caminata y tomé un baño en este histórico lugar rodeada de tanta historia entre mis dedos.
En este sitio arqueológico de Hierápolis me encontré con lo típico de las antiguas ciudades romanas: iglesias, baños, un ágora del siglo II, un gran anfiteatro. Caminé respirando la atmósfera e intentando transportarme hasta el momento exacto en que las milenarias poblaciones vivían aquí. Me sentí muy afortunada al poder visitar en este itinerario, estos dos sitios declarados Patrimonio de la Humanidad de Unesco.

Heriápolis, Pamukkale.

Sobre los cielos de Capadoccia
Dentro del itinerario, este era algo que no había investigado demasiado porque quería dejarme sorprender. Llegar a la región de Göreme, es como estar en un cuento y conocer las casitas de pequeños duendes en esta atmósfera tranquila, cautivante y atractiva. Durante mi jornada aquí, descubrí el Museo al Aire Libre, que reúne más de 600 iglesias rupestres, viviendas trogloditas y me encontré con monasterios excavados en roca, como la famosa Elmali Kilise (Iglesia de la Manzana) o la llamada Iglesia Oscur.

Así tal vez, la parte más aventurera de este encantador viaje me tomó por sorpresa cuando al amanecer, en el cielo claro de Capadoccia pude contemplar las formaciones rocosas desde distintas iluminaciones que reflejaban la luz del sol. Además de los colores en el cielo de los globos aerostáticos
Cuando comenzaba a caer el sol, degusté sabores típicos de esta parte del mundo: manti y el testi kebab. Los primeros son cubos de pasta rellenos de carne, como un ravioli, acompañados de yogur o salsa de tomate. El testi kebab, es un sabroso guiso de cordero preparado al fuego en una vasija de barro que, una vez cocinada, se rompe para extraer la comida. Además caminé conociendo las artesanías, conversando con los lugareños y me llevé típicas piezas del lugar de recuerdo como cerámicas y alfombras para atesorar para siempre.

Capadocia, Turquía.

Mirá la propuesta que tenemos para vos acá.

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Empezá a disfrutar de este viaje de contrastes.

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